Mi nombre es Samanta y me convertí sin ser consciente en una bruja muy poderosa. Nadie de mi familia perteneció a ninguna secta ni tampoco les oí hablar nunca de brujería ni hechizos. Todo empezó a surgir cuando en el bosque encontré un sombrero muy peculiar, sin saber que éste había podido ser la pertenencia de alguna hechicera, que por el camino lo hubiera perdido. Esperé varios minutos, pero su dueña no apareció. El sombrero me ofreció ese día poderes que con el tiempo fui adquiriendo y aprendiendo de ellos.

Recuerdo cómo me quedé, mirando embelesada aquel sombrero. Por una parte, empecé a sentirme atraída por una fuerza que me me indicaba que me lo colocará, por otro lado, sentía respeto. Respeto hacía un objeto que debía pertenecer a alguna hechicera. Si es que alguna vez tuvo dueña. Nunca lo sabré. Desde que me puse el sombrero, empecé a adquirir poderes que jamás me hubiera imaginado. A sentir vibraciones positivas y notar cómo las energías negativas iban directas a las personas que antaño me hicieron daño. Los vi empeorar con el tiempo. Algunos empezaron a sufrir, como nunca, a tener desgracias en sus vidas.

La gente empezó a temerme al no saber comprender de donde me surgían esas virtudes pertenecientes a otro mundo. Me alejé de la civilización para no llamar la atención y a las montañas me fui a vivir. En medio de la madre naturaleza, junta a la brisa de los árboles, bajo una luna donde el ulular del búho, me hacía sentir la llamada de la noche. En ocasiones me pregunto si fue casualidad encontrar dicha prenda o él me encontró a mi.