Martín observaba la figura en forma de corazón que reposaba sobre la mesa de madera, en la que tantas veces el y su esposa Matilda habían tomado café. Recordaba con nostalgia la primera vez que trajo consigo, como si de una reliquia se tratara y la depositó con sumo cuidado en el centro, como símbolo de su amor.

Matilda hacía exactamente un año que le había dejado, cruzando la puerta que la conduciría al umbral de la luz eterna. Martín recordaba con tristeza y con rabia las veces que tocó madera, en señal de buena suerte, para que su mujer se recuperara de una grave enfermedad, que poco a poco iba consumiendo. De nada sirvió.

Matilda lo dejó solo con la compañía de la soledad. Había luchado junto a ella con fervor, con la esperanza de poder seguir adelante. Pensando siempre en positivo. Que saldrían de este mal paso, pero la enfermedad les venció. Cada vez que mira en el centro de la mesa la caja que con tanta alegría trajo, su mente evoca recuerdos de un pasado en el que los dos fueron felices. Recordando finalmente las últimas palabras de su mujer: «Recuérdame Martín, como siempre fui. Recuerda a la Matilda que conociste, de la que te enamoraste.»

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

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