Relatos

Jugar con fuego, by Neus Sintes

Dicese de que quien juega con fuego termina quemándose. Sarah tenía por costumbre asistir los domingos a la Iglesia en compañía de su abuela. Pero cuando ésta falleció, Sarah dejó de asistir. Demasiados recuerdos invadían su mente. Desde muy pequeña, fue su abuela quien cuidó de ella.

De su madre solo recuerda que enfermó y al no tener los recursos para una curación efectiva; falleció. Con tan solo 8 años, su abuela se convirtió en su única familia. Su padre nunca llegó a conocerlo. Y ahora se encontraba completamente sola.

Sarah fue creciendo en el barrio de siempre con su abuela. Su abuela era una mujer sencilla pero de gran voluntad. Con una mentalidad abierta y dinámica a pesar de su avanzada edad. Había pasado por épocas de su vida llenas de penurias donde la muerte siempre la venía a visitar. Primero fue su esposo y luego su hija; la muerte más dolorosa para una madre. Ver a su hija fallecer. Pero cuando miró a Sarah, comprendió que no podía fallarle y sacó toda voluntad y fuerzas para que su nieta y ella pudieran subsistir y educarla como su madre hubiera querido.

A medida que fue creciendo la adolescencia para Sarah fue un cambio en su forma de ser. Poco a poco fue cambiando. La dulce niña pequeña de antes había desaparecido y ahora Sarah se había convertido en una chica rebelde. Muchas eran las horas que pasaba en su habitación o bien en las calles, llegando los fines de semana bien entrada la madrugada.

-¿De donde vienes tan tarde, Sarah? – le preguntó su abuela – como tantas otras veces

-De estar con los amigos. -era su respuesta. – caminando medio dormida hacía su habitación

A su abuela le faltaban fuerzas, empezaba a notar los huesos de su cuerpo débiles, sin fuerzas. Ya no podía controlar las idas y venidas de su nieta que tan rebelde se había vuelto. Se encontraba cansada. La edad le impedía hacer ya más de lo que ella querría…

Una mañana Sarah fue a la habitación de su abuela, que seguía sin desperta dormida. El color de su piel se había vuelto más pálido y frío al tacto. En ese instante, un escalofrío recorrió su cuerpo cuando detectó el hedor a muerte.

-¡Abuela, Abuela! – intentó despertarla Sarah – en vano.

Un vacío en la casa empezó a crearse, ahora sí se encontraba completamente sola y a sus 16 años tuvo que empezar a trabajar. A saber ganarse la vida.

Pasaron los meses y cierto día, mientras paseaba por las calles nocturnas de la ciudad, después de un largo día de trabajo, donde había tenido que hacer doble turno, se percató de que algunas farolas empezaron a apagarse, tan solo la luz tenue de una luna hermosa, resplandecía la acera por donde pasaba.

Un letrero con letras granates situado frente a ella estaba parpadeando. “Somos tu familia” – anunciaba. Decidió echar un vistazo, aunque a esas horas suponía que debería estar cerrado. Aún así, la curiosidad pudo más.

Un folleto asomaba fuera de la puerta de madera y decidió coger uno para ojearlo esa misma noche en su casa., cuando inesperadamente la puerta se abrió

-Buenas noches, señorita – un hombre con una vestimenta blanca entreabrió la puerta. – ¿desea alguna cosa?

-Yo… – titubeó Sarah – con el folleto aún en la mano. – ¿le importa si ojeo el folleto? y mañana me acerco.. – consiguió decir

-Por supuesto – querida. Ven cuando quieras. Aquí le estaré esperando.

-Gracias – y perdón por haberle interrumpido.

-No hay de qué. – mirándola fijamente a los ojos. ¿Cual es su nombre?

-¡Oh, perdón! – Sarah. Me llamo Sarah. – ruborizándose.

-Hermoso nombre; me gusta – Mañana pregunte por mí. Soy Dennis.

Sarah se presentó al día siguiente y un encantador Dennis con una amplia sonrisa le dio la bienvenida a “Somos tu familia”, sin saber que estaba entrando en un peligroso y oscuro lugar del cual era muy fácil entrar y mucho más difícil salir.

Sarah empezó a relatar su historia de principio a fin, hipnotizada por aquellos ojos verdes de Dennis que impregnaron tanta confianza a su llegada. Dennis la escuchaba atentamente y en silencio. Mientras Sarah dejaba fluir todas sus emociones y sentimientos.

Dennis era el líder de “Somos tu familia”, una pequeña comunidad por llamarla así o “secta” que sus objetivos era captar a todas aquellas personas que se sentían solas o tristes, como en esos momentos lo estaba Sarah.

A partir de entonces Sarah asistía con más frecuencia. Al entrar en la comunidad empezó a sentirse mas arropada y su soledad y tristeza fueron amainando. De cada charla y de cada sesión de terapia que ofrecía el líder salía fortalecida. El líder la hacía sentirse bien, repitiendo lo maravillosa y especial que era.

-Sarah, eres hermosa y especial – Una mujer como tu no debe permitir sufrir ni llorar…

Con el tiempo, Sarah dejó el trabajo de camarera. Fue saliendo de de entorno de amigos y conocidos. Comenzó a trabajar en “Somos tu familia” en la comunidad, junto a Dennis. Cerró su círculo en torno al concepto de vida, para centrarlo en lo espiritual.

Empezó a no tener contacto alguno con nada que no estuviera vinculado al grupo y a Dennis. Y a participar en seminarios.

Llegó el día en que Sarah debía pasar la ceremonia de iniciación espiritual; uno de los momentos culminantes en el ritual.

-Mi bella Sarah – ha llegado tu día de participar en la iniciación del ritual espiritual – le dijo Dennis

-Sé mi guía en esta ceremonia, Dennis – Muchas gracias

-No me las des – Te lo has ganado. – le correspondió con una de sus sonrisas.

Los preparativos estaban dispuestos para la media noche. Dennis vestido con su túnica blanca, De fondo la oscuridad y unas velas que alumbraban el espectáculo.

-¡Acercate, Sarah!- le ordenó mientras le desabrochaba lentamente los botones de su blusón, dejando al desnudo su cuerpo y entregando su alma al cántico del ritual formulado por Dennis. Siendo el centro de atención, Dennis empezó a acariciar el cuerpo de Sarah – absorbiendo cada poro de su piel – mientras pronunciaba: “Estas siendo destinada a tu familia del alma”. Llevando a Sarah a vivir en una realidad pararelo. Sarah ofreció su cuerpo y su alma a Dennis.

Los objetivos marcados eran muy claros: sexo, poder, dinero o control. Y como Sarah no tenía dinero suficiente, su cuerpo fue el precio a pagar para alimentar al líder. Ella lo aceptó, aprendiendo a ser sumisa y dependiente a sus deseos y voluntades. En la ceremonia también se vio envuelta por gente desnuda a su alrededor, tomando drogas alucinógenas.

Las noches se convirtieron en noches de placer donde el líder la retenía y la hacía suya. Sus ojos verdes la hipnotizaban y hacía de ella, de su cuerpo todo cuanto deseaba. Pasaron los años y la vida de Sarah se convirtió en dar seminarios de día y ser gozada por las noches por su líder. Su alma, su cuerpo pertenecían a su líder. Su salvador.

Había una puerta al final del pasillo por la cual había entrada hacía unos años atrás. Ahora esa misma puerta no se volvería a abrir; había entrada, lo que no tenía era una salida.

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