El encanto de las hadas ondinas, by Neus Sintes

Cuenta la leyenda que una bella joven se estaba bañando en las aguas del río Guadalajareño. En medio de aquella agua cristalina, se reflejaba su silueta. La de la eterna juventud. Una larga melena ondulada caía por detrás de su espalda. Su piel brillaba por los rayos del sol. La imagen celestial en su propia desnudez había quedado impregnada en la mirada de un joven que pasaba en esos momentos por allí.
Detrás de un arbusto el joven se quedó impregnado de aquella belleza que veían sus ojos. Deseaba acariciar aquel cuerpo perfecto. En silencio la contemplaba como se bañaba.
Su piel de tonalidad azulada resaltaba a contraluz. Sus dedos de los pies y las manos estaban unidos entre sí por membranas. De orejas puntiagudas y cabellos muy largos, giró a su alrededor y miró al joven con sus ojos verdes.
Se quedó mirándolo con curiosidad, mientras seguía nadando en el agua. Atrayendo con su verde mirada, hipnotizando con su cuerpo, mientras en el agua se removía. Parecía una sirena, aunque no tenía cola, así que no sabía muy bien quien era esa belleza que la miraba juguetona y traviesa, con una sonrisa en los labios..
De sus labios carnosos, un canto empezó a oírse en un idioma desconocido.  Mientras, el joven fue adentrándose en el agua, impulsado por el canto, hasta llegar junto a ella.
 -¿Quien eres? – le preguntó todavía hipnotizado por su belleza
-Mi nombres es Gina, una de las hijas del Dios Odín. Soy una Ondina, el agua es gobernada por nosotras.
-¿Creía que eras una sirena? – preguntó.
-Oh, no! – dijo exclamando Gina. Ellas nos tienen envidia. Por nuestra belleza y por nuestros bellos cantos a los que tanto gustan a vosotros, los mortales.
-Mi nombre es Jonathan. Aunque me puedes llamar Jony. – le contestó embelesado.
-Venga, Jony. Sé que deseas tocarme. Hazlo. Me gustaría sentir tu tacto mortal. Hace tanto tiempo que no he visto a un mortal…
Mientras Gina lo miraba traviesa, Jony se iba acercando con cautela. Se encontraba en las aguas donde las Ondinas tenían más poder que él.
Ahora sabía que Gina era una de ellas. Pero el deseo de tocar ese hermoso cuerpo le atraía más que cualquier peligro.
Gina lo miraba con deseo junto con su sonrisa traviesa. Con una de su manos le ayudó a encontrar sus pechos. Grandes y erguidos, por el propio éxtasis de la pasión que iba acumulando su cuerpo. Hacía tiempo que no tenía de cerca  un mortal.
Sus cuerpos empezaron a juntarse cada vez más. Gina, deseosa de poder sentir cómo era acariciada, después de tanto tiempo sin un hombre cerca. El deseo se convirtió en pasión. La magia que albergaba dentro, se la transmitió a Jony para que éste fuera quién la amara de verdad.
 Estaba tan cerca, que podía sentir el calor que emanaba de él. La tela de sus pantalones le rozaba la piel del interior de sus piernas. Gina se estremecía al sentirla. El corazón le retumbaba victorioso en el pecho y cada célula de su cuerpo vibraba ansiosa.
Levantó la vista y vio que Jony estaba mirándola. Tenía los labios ligeramente entreabiertos, esbozando una sonrisa que la dejó sin aliento, y así, sin apartar la mirada, le deslizó una mano por el muslo, hasta detenerla en el centro de su cuerpo, ese lugar que estaba desesperado por recibir  sus caricias, y acto seguido le tocó los rizos con tal reverencia que la hizo estremecer.
A cada movimiento de sus dedos, avivaba el fuego que ardía dentro de ella. Cuanto tiempo desde que un mortal había acariciado su cuerpo! – No era capaz de recordarlo, ni tampoco que ninguno le hubiera proporcionado tanto placer.
– Deseo que esto no termino nunca – le susurró con una dulce y suave voz
-Yo tampoco – le contestó.
-Quédate conmigo. En mi mundo o en el tuyo. Pero estemos juntos. No deseo pertenecer a otro hombre que no seas tú. Quiero que seas el único que me toque, me ame, me haga sentir realmente como soy.
El agua empezó a removerse. De entre ellas salieron otras Ondinas. Los rodearon haciendo un circulo. De sus labios surgieron unos cantos y a continuación de entre las profundidades apareció el Dios Odín.
-Hermanas! – Padre! – exclamó sorprendida, Gina.
-Gina –  siempre has sido la hermana pequeña de todas nosotras dijo la mas mayor de todas. Pero también la más deseada por los mortales.
-Amó a Jony. Como jamás he amado ni he deseado a otro mortal.
-Entonces – el Dios Odín, mirando a su hija y a su acompañante – quedó pensativo
-Gina – prosiguió – No me queda otra que reniegues de tu rango de Ondina y en mortal yo te convertiré.
El Dios Odín se dirigió a Jony, el cual aún sorprendido le avisó de que la cuidara bien.
-Joven, cuídala bien. En humana se ha convertido, aunque posee pies y piernas, su personalidad no ha cambiado.
-Así lo haré – Y haciendo una reverencia, Jony se alejó con Gina en brazos.
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