Se encontraban en una isla paradisíaca donde se podía ver la blanca arena de una cautivadora playa virgen. El capitán ordenó a la tripulación ayudar a los pasajeros a aterrizar en la playa, con ayuda de los botes salvavidas, durante el tiempo que se necesitará para arreglar los daños causados por la tormenta. 

—¡No os alejéis! —ordenó Max. Permaneced unidos y a ser posible en grupos. 

Andrea quedó prendida por el maravilloso paisaje que la envolvía. Jamás sus pies habían pisado una isla como aquélla. Los cocoteros de las palmeras asomaban, rodeados de una calma sin igual. Tuvo la sensación de estar viviendo un sueño.

Robert decidió quedarse cerca del Capitán, mientras observaba al grupo de pasajeros cómo perplejos algunos y otros un tanto preocupados, esperaban noticias. 

—¿Cómo te encuentras de la pierna, Robert? —preguntó Max

—Recuperándose. Aún tengo molestias por lo que prefiero quedarme cerca de los pasajeros si no le importa, para de esta forma comprobar su estado emocional y que nadie se separe. 

—Mejor, Robert. Además, tal vez necesite de tu ayuda para resolver una duda —respondió Max mientras extendía ante sus ojos un mapa que le ayudará a resolver en qué punto se encontraban.

—No sé dónde nos encontramos. Mi brújula se ha extraviado y no tengo ningún punto de referencia, por el momento. Pero, saldremos de esta, Robert. 

Andrea siguió andando absorta en sus pensamientos, embelesada por la belleza de la isla que sin darse cuenta se había alejado demasiado. Puso su mano a modo de visera, y un escalofrío recorrió su cuerpo. Intentó mantener la calma, llamando a sus compañeros, con el fin de que la oyeran.

—¡Robert, Max, !.. —llamó a gritos para ser escuchada. No recibió ninguna respuesta. Cansada y aturdida, detrás de unas rocas ocultas creyó ver algo escondido. Se acercó al lugar indicado, con cautela y sus ojos vieron un baúl. Parecía a simple vista abandonado, no se había visto a nadie en el lugar durante todo el tiempo. 

El candado se encontraba roído por lo que pudo levantar y ver su contenido. El grito de Andrea se hizo oír entre Robert y Max por unos segundos.

—¡Andrea, Andrea! —exclamó Robert. Capitán me ha parecido oír la voz de Andrea. ¡No se encuentra entre los demás! —Tengo que buscarla, Max.

—¡Espera! —exclamó Max mirando la pierna herida de Robert. Te acompaño —le sugirió. 

—Voy a avisar a los demás que se queden junto a los pasajeros. Pronto anochecerá.