Max era el comandante del barco. Desde muy niño había sido criado bajo la influencia del mar. Sus parientes habían sido desde marineros, pescadores, hombres dedicados al mar y su padre, que en paz descanse, llegó a ser comandante. Max había seguido los pasos de su familia. 

Había escuchado muchas historias desde su infancia hasta llegar a su adolescencia, pero nunca se había encontrado con un dilema como el que tenía enfrente. Solo si se rezaba a un ángel, o un Santo, tal vez con suerte el oficial Robert y él pudieran salir del apuro en que se encontraban. Ellos y toda la tripulación, de la que nadie tenía constancia, por la falta de comunicación. 

Por otro lado Robert intentaba por todos los medios poder hallar un medio para comunicarse, sin tener que llegar a alarmar a la tripulación. Todos los trabajadores llevaban consigo un móvil que les hacían llegar avisos para estar en contacto entre ellos, ya que el crucero era tan grande que era una vía de trabajo para saber en dónde y en qué zona estaban trabajando, en el caso en que tuvieran que repartirse los trabajos o demás quehaceres.

—Aquí Robert —¿se me oye? —preguntó mientras iba tocando nervioso cada botón que tenía delante.

—La marea se acerca. —respondió Max mientras ojeaba con los prismáticos

—Solo necesito contactar con alguien para que pueda llegar hasta aquí y podamos salir. —respondió nervioso Robert. —añadiendo —y que éste avise a la tripulación para que aguarde en sus camerinos hasta que pase la tempestad.

—Eso sí conseguimos contactar y salir de aquí — dijo con cierto temor en la voz Max. 

Robert tecleó con todas sus fuerzas con la finalidad de poder contactar, aunque solo fuera con una persona de la tripulación. Rezó con todos sus fuerzas. Necesitaba un milagro. Nunca se había enfrentado a un problema como oficial radioeléctrico, como el que tenía delante y más con una tormenta aventándose. Pensó en su familia que había dejado a tierra, en su mujer e hija y tras pulsar varias teclas más, la radio emitió un pitido distinto a los anteriores. 

Andrea se encontraba sirviendo bandejas de brócoli, para la tripulación que había bajado al servicio de restaurante para cenar, cuando de repente en el bolsillo de su pantalón notó una vibración. Su móvil estaba dando una señal de aviso. Depositó la bandeja en la mesa y al retirarse cogió el móvil. 

—¿Sí, me oye? —oyó la voz nerviosa de Robert a través del auricular.

—Sí le oigo, habla Andrea. ¿sucede algo? —preguntó por la voz de agobio del oficial

—Estamos en alerta roja. El capitán y yo estamos encerrados en mi sitio de trabajo y hasta ahora has sido la única persona con la que nos hemos podido comunicar, tras muchos intentos fallidos. 

—¿Qué? —preguntó alarmada.

—¡Andrea, escúchame! —aquí habla el capitán Max. Tienes diez minutos. Cinco para venir a rescatarnos y abrirnos la puerta en la que nos encontramos encerrados y cinco para avisar con cautela y tranquilidad, que todos los pasajeros se vayan a sus camarotes. —añadió —la marea se está acercando y la tormenta dentro de poco la tendremos encima. Pit..pit..pit…  —La llamada se cortó.

Andrea no perdió más tiempo y fue directamente a dónde se encontraba el puesto de trabajo del oficial radioeléctrico. Al llegar se encontró con ambos encerrados en la cabina. Extrajo de uno de sus bolsillos unas llaves de repuesto para estos casos y tras varios intentos fallidos a la tercera pudo sacarlos de la cabina, mientras podía observar detrás de ellos la tormenta que se avecinaba.

—¡Gracias Andrea! —le agradecieron. Ahora subamos no hay tiempo que perder. 

Seguida del oficial y del comandante Robert fueron a avisar a toda la tripulación con ayuda de un megáfono que se resguardaran en sus camerinos. 

—”A todos los pasajeros, les habla el oficial de parte del capitán. Recomiendo que todos dejen lo que están haciendo y vayan a resguardarse a sus camerinos. Tenemos una tormenta que se avecina con rapidez y la marea va subiendo cada vez más.”  — Les mantendremos informados.

Andrea iba acompañando a los pasajeros, mientras les iba calmando haciéndoles saber que sería cuestión de un breve tiempo. No teman, tranquilos  —mantengan la calma —en breve pasará. — Les mantendremos informados.