Raúl sostenía en las manos el cuaderno que hacía un mes le había entregado a Susana. Su vida era tranquila, vivía con sus padres a falta de encontrar una casa para el e independizarse. En la butaca de su habitación recordaba con rabia e impotencia cómo hacía tan solo un mes había reaparecido su ex-novia. Había venido a pasar unos días con su familia. Por lo visto había roto con el que había sido su último noviazgo.

Raúl había sentido una corazonada y una nueva oportunidad para poder hacer las paces y tener la ocasión de volver a empezar.

—Susana me alegro de volver a verte, de nuevo —le saludó Raúl

—¡Hola Raúl! —igualmente.

—Si te aeptece tomar algún día un café o charlar, sabes que estoy aquí —le respondió siendo lo más educado que pudo ser.

—Muchas gracias —te lo haré saber le respondió mientras entraba en la casa de su padres.

Al cortar con Raúl, Susana, había tenido la ocasión de partir de su ciudad natal e independizarse con el que era entonces su nuevo amor. Motivo por el cual lo dejó con Raúl. Al partir pensaba que sería más feliz, ya que con Raúl no veía un futuro. Pero el Karma le hizo ver que con el hombre que había partido y por el que había dejado a Raúl, no era cómo ella creía. Por ese motivo había regresado a casa, de nuevo.

Para Raúl le era una nueva oportunidad, tal vez para que volvieran a rehacer su relación. Una tarde Susana decidió quedar a tomar un café y explicarle el motivo de su llegada.

—Lo siento mucho —respondió Raúl.

—No lo sientas. Fui yo la que te deje por él. No deberías sentirlo.

—¡Susana, tú fría cómo siempre! —No me gusta ver sufrir a la gente, porque ambas hemos sufrido a nuestra manera. Yo también he estado apeando por tu partido. No he podido estar con otra mujer, porque mis pensamientos solo piensan en una sola. Esa mujer eres tú.

—Raúl, yo…

—No digas nada. Hay una cosa que durante todo este tiempo he deseado darte. Es un cuaderno en el que anotó mis sentimientos más profundos y mis deseos platónicos. Deseo que te lo quedes. Me gustaría que lo leyeras. Te lo dediqué antes de tu partida. —por favor, léelo.

—Lo haré, cuando pueda. Ya sabes. No soy mucho de leer. Soy más bien de ir al cine, salir de marcha. La lectura nunca fuer mi fuerte. Por no decir que no me gusta leer. Pero siendo escrito por ti, haré una excepción.

Pasaron las semanas y Susana no había dado muchas señales de volver a intentar una nueva relación con Raúl. Dejando el pasado atrás. Un día Raúl se enteró que se iba de nuevo. Lo que más le dolió no fue el que no se despidiera, sino que al entrar en la casa de sus padres para saber el por que regresaba, vio encima de la mesa de la sala de estar el cuaderno sin abrir.

—¡Oh, Raúl! —exclamó la madre de Susana. Se le olvidó el cuaderno.

—¿Sabe si lo leyó? —preguntó

—’Oh, no, querido! —recuerdo que lo dejó en la sala y no volvió a cogerlo.

—¿Puedo llevármelo a mi casa? —preguntó con un nudo en la garganta.

—Sí, por supuesto.

Abrió el cuaderno y leyó la dedicatoria que le había dedicado a Susana y que ésta no leyó. —¿Quieres casarte conmigo? —