En la mesa de la cocina reposaba el correo que por la mañana su madre había recogido. Junto a todas ellas, Sabina las ojeó, sin saber que se encontraría entre ellas una en concreto que le llamó la atención. Llevaba un corazón rosa Sus manos no pudieron tentar a cogerla, para ver a quién iba dirigida. Sabina hacía meses que había cortado con su anterior pareja, y su madre, por lo que ella sabía, desde que sus padres se divorciaron, desde entonces, su madre no había tenido ninguna relación de la que ella tuviera constancia.

A pesar de que habían pasado dos años desde que su madre no tuviera ninguna otra pareja, Sabina tampoco se sentía preparada para ver cómo su madre dejase entrar a otro hombre en su vida. Aunque, por otro lado sabía que ese momento llegaría tarde o temprano. La curiosidad de saber a quien pertenecía y quién la enviaba, hizo que Sabina la cogiera de la mesa y la escondió en su habitación para releerla. Antes de abrirla, miró el remitente y no ponía nada. Tan solo unas siglas que no supo adivinar. S.S.

Querida Susan,

Hace tiempo que he querido escribirte, pero las circunstancias del trabajo me lo han impedido y el temor de cómo afectaría nuestra relación que hemos mantenido a distancia, y más a tu hija Sabina, que aunque no sea mi hija, es parte de ti. Desde el primer momento en que nos conocimos supe que si aceptaba continuar esta relación, también aceptaba que tenías a una hija. Me gustaría algún día poder conocerla, para con el fin de no ser un extraño en su vida. Tiempo al tiempo.

Te quiero Sebastián.

Tras leer la carta, un millar de pensamientos pasaron por la mente de Sabina, como el hecho de que su madre no le contara nada de que estaba empezando una nueva relación. Aunque Sabina sabia que no se sentía preparada para tener a otro hombre en la casa de de su madre, mas bien porque se había acostumbrado a vivir con ella y siempre habían estado ellas dos solas.

—Mamá ¿puedes explicarme quién es? —señalando la carta que en sus manos sostenían

—¡Sabina, te lo puedo explicar! —exclamó. ¿De dónde..? —preguntó sin darle ocasión a terminar.

—Se encontraba mezclada con los demás carta en la mesa de la cocina.

Susan empezó a releerla y comprendió las preguntas que su hija le estaba haciendo. Sebastián por lo visto tenía previsto llegar.

—Sabina, en la vida hay puertas que se abren y otras que se cierran, para dar lugar a otras que se abren y encontrar allí la felicidad.¡ofrecele una oportunidad a Sebastián!. El no es tu padre, pero considéralo como un amigo. Daros la oportunidad de conoceros y de comprobar que es una buena persona.

Sabina asintió. Se veía a su madre que le importaba ese hombre. Le daría esa oportunidad. Tal vez tuviera razón su madre. Con el tiempo Sabina llegó a confiar en Sebastián, y los tres formaron una nuevafamilia.