Al día siguiente encontró en la mesa de su despacho, una nota que le indicaba que había un caso de asesinato en el bosque y que debía ir a inspeccionar. El policía no lo dudo. Era su trabajo. A veces se consideraba como Higlander, nacido de las tierras altas, estaba acostumbrado al frío. Se encaminó hacia el bosque y una niebla extraña y misteriosa se apoderó del ambiente, cuando una molestia de dolor empezó a sentir en el pecho empezó, cuando se colocó la mano en él. 

El cielo se tiñó de rojo, y su pecho empezó a arder, mientras caía de espaldas al percibir una sombra, que se movía con agilidad. Sin darle tiempo a reaccionar, por el dolor que sentía en el pecho, cuando en breves fracciones de segundos, pudo notar como era golpeado por un palo contundente, quedando inconsciente. Al despertar se encontraba atado de manos y pies dentro de un profundo agujero. 

Una sombra femenina apareció de entre las sombras con una pala y sin decir palabra empezó a echar la tierra dentro del profundo hoyo. Sus ojos lo miraban con frialdad. Era ella.

El policía aterrado la reconoció. Era Dunia, hija del fallecido en prisión. Quien él mismo le entregó sus cenizas en su día. Fue a hablar y a gritar para que pudieran oírlo, pero nadie pudo escuchar sus súplicas. Dunia ya se había encargado de cubrir la boca para evitar que sus gritos de auxilio no fueran escuchados.

Sus únicas palabras que pudo escuchar fueron: te enterraré vivo, hasta que tus pulmones dejen de respirar y encuentres la muerte en este profundo hoyo. Ésta es tu tumba.

Sepultado bajo tierra, encontró su muerte. Había vengado a su padre. 

Nunca encontraron pistas sobre el policía que había desaparecido ni los huesos que debajo tierra se encontraban. 

Dereck albergó la posibilidad de que Dunia podría saber algo al respecto, aunque no se atrevió a decirle nada, por temor a la reacción que ésta pudiera tener. Almacenó esa idea en su mente durante unos días, hasta que desistió y dejó volar esa idea de su mente. Demasiadas casualidades, se preguntaba, que justo el mismo policía que le entregó las cenizas de su padre, fuera el que de la noche a la mañana, hubiera desaparecido.

Nunca más se supo de su existencia. El caso lo cerraron, con la intención de mantener la esperanza de que regresara, aunque nunca regresó, ni lo haría. 

Por otro lado, Dunia había roto la promesa que se hicieron Dereck y ella. El de no existir secretos entre ambos. Dunia no podía confesarle, por mucho que rompiera la promesa que se hicieron en su día, que ella era la responsable de la desaparición del policía. Así que prefirió mantener sellado sus labios a confesar una verdad que podría no solo afectar a su relación, sino que su vida podría correr peligro.