Miguel se había obsesionado en leer cada semana su signo zodiacal. Aries; uno de los tres elementos de fuego, más fuertes. Su vida había sido un frenesí de aventuras y siempre intentando superar cada día a base de aprender. Se consideraba un hombre muy independiente, amante de los viajes y conocer mundo.

Un día, como todos los demás, cogió la revista mensual y leyó su horóscopo. Pronosticaba que haría un viaje, del cual más tarde acabaría arrepintiendo. Miguel no hizo caso de la advertencia. A fin de cuentas, solo era una revista. El nunca había tenido mala suerte en los viajes, es más había conocido mucha gente y diferentes culturas. Había aprendido en los viajes, mucho más que en los libros.

Una semana más tarde al encender el televisor un anuncio apareció en la pantalla, anunciando una oferta increíble que no podía pasar desapercibida. Se trataba de un crucero en el barco que hacía unos meses habían estado haciendo cambios y nuevas mejoras. El viaje se trataba de visitar la Isla Sentinel del Norte. Situada en el oceánico Índico.

Miguel no lo dudó y se apuntó al crucero, sin saber los peligros que acechaban esa Isla. Después de navegar por las aguas algo revueltas, llegaron a la Isla. sin saber el halo de misterio que les envolvería. Pasaron la noche, siendo el objetivo visible de una tribu que habitaba la isla. Una vez montadas las cabañas, se adentraron en ellas para descansar de un largo viaje. Al llegar la noche, la tribu que habitaba la isla, eran cazadores y recolectores, unas 150 personas, que vivían en autarquía desde hacía siglos, completamente aislados de todo contacto con el mundo.

A la mañana siguiente muchos de los viajeros que iban con Miguel habían abandonado sus cabañas. Inmerso en un profundo silencio, se encontraba solo. En un lugar desconocido y misterioso que por un momento un mal presentimiento pasó por su mente. Pasó prácticamente el día a solas. Esperando a los demás que aparecieran, no había rastro de ellos. La noche se acercaba y apenas se veía bien. Decidió entrar en su tienda de campaña y esperando a los demás, se durmió sin darse cuenta.

Despertó en una cueva, acorralada y atado de muñecas y pies. Capturado por una tribu que desconocía, miró a su alrededor y entonces se dio cuenta que no había sido el único. Todos los demás habían sido capturados, algunos otros torturados y los más débiles habían fallecido. Sus ojos vieron horrores jamás impensables. Dedujo que a esa tribu la gente no le caía bien. De una cosa estaba en lo cierto; es que había llegado al mismísimo infierno.