Quítamela de encima, pienso. De nuevo siento que la carga vuelve a estar sobre mis hombros. ¿Quién me pudiera quitarla?. Hubo una época en que esa carga fue disminuyendo, pero ahora ha vuelto y yo, me siento más hundida. La delgada línea que separa la ansiedad de la tristeza. A veces me siento, que no soy nada, que no valgo para nada…que mis palabras sobran y que todo lo que digo es de más.

Entonces la ansiedad me corroe por las venas, sin llamarla, sin necesidad alguna de hacerlo. Mi mente sabe cómo me siento y llama a mi otra yo. Por fuera puedo ser una persona aparentemente fuerte, pero por dentro es distinto. Allí es donde me consume la ansiedad. Te consume, se alimenta de ti. Sin poder evitarlo. La mente es muy fuerte, pero la tristeza y la ansiedad, juntas de la mano suelen ir. Se hacen poderosas y tú sin poder evitarlo, te sientes ¿Cómo decirlo?. Indefensa. Empequeñecer.

Quítamela de mi mente. Quisiera cerrar los ojos y poder sentirme de nuevo alegre por dentro. Sonreír y sonreír de verdad. Sentirme bien por dentro. En mi interior, un vacío se encuentra, que me atormenta día y noche. Veo oscuridad, donde reside la luz. Estoy consumiendo de tristeza. No sé por donde empezar. Todo me sienta mal, porque yo estoy mal. Mis ánimos han menguando, al igual que mi faceta de mujer alegre. ¿Dónde se encuentra esa felicidad ?.

Invisible a los ojos de los demás, llevo esta carga. No sé cómo recuperar lo que había ganado hace unos años atrás. Ahora, como un boomerang ha regresado a mí de la forma más inesperada. ¡Quitádmela, quitádmela!.