Pasadas la medianoche, en una aldea de Escocia el poblado permanecía en vela. A la medianoche el llanto del bebé se hizo reclamar. La matrona que había ayudado en el parto, salió de la habitación anunciando la buena nueva.
Elías, el padre del bebé fue el primer en entrar para ver cómo se encontraba su esposa y su hijo.

Al entrar contempló la viva imagen de su mujer, sosteniendo a su recién nacida, mientras ésta le acariciaba y daba de mamar. Triana lo vio entrar, con ganas de besar a su mujer y conocer por fin a su hijo. Siempre había deseado tener un varón y en su mente solo pensaba en una posibilidad. Nacido bajo una familia de cinco hermanos. Pocas eran las posibilidades de que pudiera concebir a una niña. Pero al aproximarse más a su mujer, pudo ver que en su regazo acunaba a una niña.

—Elías —¿Quieres coger a nuestra hija, Dunia? —preguntó su mujer.
—¿Dunia? —intentando sonreír.

Al sostenerla en brazos, su semblante se tornó frío y serio. La bebé empezó a llorar con fuerza, cómo si hubiera adivinado los pensamientos del hombre que la sostenía; su padre.
Triana la sostuvo en brazos y al acunar contra su pecho, Dunia abrió por primera vez los ojos. Unos ojos grandes y de un verde impactante.

Sobraban las palabras para ver la decepción en el rostro de su marido y el pánico en la mirada de los más ancianos.

—Triana —podemos hablar a solas, le dijo la más anciana del poblado
—Por supuesto. —¿Qué es lo que han visto los demás en mi hija? He visto en los mas ancianos su semblante
—Querida Triana. Tu niña está sana y fuerte. Debo advertirte de que has concebido a una pequeña bruja y en ella residen poderes que cuando crezca, serán fuertes y poderosos.

Los mas ancianos reconocemos esa mirada, la misma que posee tu niña. Grande y hermosa. Verde y penetrante. En mi época hemos sido muy supersticiosos, pero el tiempo nos hace ser más sabios .Protégela, así como ella lo hará por ti.

—Gracias por aconsejarme