La maldad reside en cada uno de nosotros. Julia nació bajo un manto negro lleno de oscuridad. A medida que fue creciendo, se volvió más siniestra y solitaria. Muchas veces se le veía caminando por la noche. Siempre vestía con ropajes negros y sus ojos brillaban en la oscuridad. Sus dos hermanas mellizas, ignoraban al igual que los demás, el por qué de su forma de ser.

La madre de Julia nunca decía nada cuando sus hermanas o vecinos preguntaban por su hija menor, Julia. Aunque su madre guardaba un secreto que no había contado a nadie. El día en que dio a luz a Julia, lo hizo en una casa abandonada, sin poder llegar a tiempo al hospital. Rompió aguas justo en el momento en el que pasaba por una de las casas abandonas que jamás fueron habitadas. Nunca se supo el misterio. Tan solo rumores de que en ella habitaba un ser de otro mundo.

Lo que sí recuerda fue ver unos ojos rojos en la noche que la observaron en la lejanía, mientras daba a luz a Julia.
Cuando llegó el equipo médico, atendieron a ambas. Tanto la bebe como ella se encontraban en perfecto estado. Desde ese día no puede olvidar los ojos rojos que la observaban, mientras daba a luz a Julia. A partir de ese día, empezó a creer en ese ser sobrenatural, del que nadie creía y que todo terminó en rumores.

Una voz en su interior le decía que su hija al nacer había sido poseída por la maldad que residía en esa casa abandonada. Creía en ese ser sobrenatural, al ver en su hija como sus ojos se tornaban rojos en la noche, mientras hacía las maletas par irse a vivir en la casa abandonada. Donde la maldad la vio nacer.

-Madre tengo que marchar – antes que sucede una tragedia.
-Lo sé. Respondió su madre con un nudo en la garganta
-Llevo la maldad en mis venas. Mi maldad aumenta por momentos. Si no me voy, alguien fallecerá.
-El te está esperando – ten cuidado
-Lo tendré.