Los valientes que se atreven a cruzar las puertas del cementerio en la noche de Halloween a medianoche, no saben que han cruzado la línea que separa la vida del descanso eterno. Nosotros somos los dueños de este lugar. De los 365 días hay una noche en la que nuestro sueño es irrumpido por chavales que no tienen respeto hacía los que descansamos en paz en nuestras tumbas.
Se creen ser valientes por entrar en nuestro territorio en la noche de Halloween. Lo que no saben es que esa noche en especial, es la noche en que nuestros cuerpos se elevan de nuestras tumbas y lo que no queremos es ver intrusos merodeando por nuestro territorio. Blindadas, quedan las puertas precisamente esta noche.

Hace unos largos años las tuvieron que blindar para evita otra desdicha, precisamente en esta noche. Todo sucedió cuando unos jóvenes adolescentes entraron en el cementerio esa noche para saltar sobre las tumbas y hacer grafitis de diversos colores y sin sentido, hasta hacer algún que otro destrozo en las lápidas de algunos difuntos. Irrumpieron el descanso eterno y despertaron a algunos de los Espíritus. Se cuentan que eran cuatro los jóvenes que entraron. El primero de todos, el líder es quien dirigía al grupo de amigos.

De las tumbas salieron los espectros para que se asustaran y salieron del cementerio. Los cuatro palidecieron, mientras veían como los muertos se levantaban de sus tumbas y empezaban a ahuyentarlos. De los cuatro, tres pudieron salir, aunque el líder, quedó atrapado, y nunca más se le volvió a ver. Muchos creen que fue devorado por los espíritus otros que falleció de un infarto, del propio susto. Hay muchas variantes aunque en realidad no saben nada. Nada de lo que sucedió. El líder del grupo nunca más se le volvió a ver. Y sus amigos quedaron mal de la cabeza. Muchos de ellos siguen hospitalizados en el hospital psiquiátrico. Los más ancianos del poblado, alguno de ellos, aún recuerdo su historia.

Actualmente, los difuntos descansan en paz y nunca más se les ha vuelto a molestar.