Los exámenes se me venían encima. Tenía los nervios a flor de piel. No sabría definir con palabras el mal trago que tuve que pasar cuando por fin el primero de muchos otros, llegaron. Tuve que cerrar y centrarme en la hoja que el profesor me había puesto delante. Tenía a ambos lados a mis otros compañeros y a algunos los veía tranquilos, otros concentrados mirando su hoja y otros, con los que más me identificaba, mordiendo el bolígrafo de lo nerviosos que se encontraban.

Mi mejor amiga me miró por un instante desde la otra esquina. Arrugó el ceño, a sabiendas de que me decía que me olvidara de todo y me centrara en lo que yo sabía. Pensé en los días anteriores, en lo que había estudiado y preparado para poder aprobar y no estar como estaba; tal vez otros tuvieran motivos para estarlo, pero yo no.

Salí del aula, entregando el exámen terminado. Al cabo de una semana sabría la hora de la verdad. El esfuerzo había valido la pena. Un notable delante de mi tenía constancia.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

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