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Llamas de fuego, by Neus Sintes

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Las llamas se veían detrás de unos matorrales. Justo donde vivía Isis, una mujer anciana entrada en años, que muchas veces se dedicaba a ayudar a los animales de la calle, que se encontraban abandonados y les ofrecía agua y comida.

Casi todo el mundo de la comarca la conocían y la intentaban ayudar en cuánto necesitara. Se sabía de ella que vivía sola. Su marido había fallecido unos tres años atrás y su único hijo se desentendió, sin pensar en las consecuencias.

Uno de los vecinos más cercanos al oler el olor del fuego, fue a llamar a los bomberos y demás vecinos que se encontraban más cerca.

__¡Pobre Isis! __recemos para que se encuentre bien, exclamó una de las mujeres, toda nerviosa.

__¿Unidad de Bomberos? __pregunto Javier inquieto, esperando una respuesta.

__¿Qué ocurre? __ preguntó el jefe de bomberos a través del auricular.

Javier le dio todas la referencias del lugar del cual la llamaradas se hacían cada vez más visibles. No tardaron en llegar. El sonido de la alarma de incendios del camión, anunciaba su llegada. Bajaron en la zona indicada varios bomberos. Mientras uno empezaba a encender la manguera, el agua empezó a surgir, mientras iba apagando las llamas del exterior.

Los otros empezaron a adentrarse adentro de la casa, mientras el crujir de las puertas se oían a cada paso que daban. La casa estaba hecha escombros pero no encontraban a Isis. La llamaron insistentemente y buscaron en cada rincón hasta que se percataron de una puerta que parecía estar atascada.

El jefe de bomberos fue el primero en entrar y ver el cuerpo hecho un ovillo de la anciana. Isis había intentado proteger de las llamas, pero fueron demasiado fuertes para un cuerpo tan menudo y frágil. Al cambiarla de posición la hallaron sin vida. Su corazón había dejado de latir.

Todos los que la conocían lloraron su pérdida. La casa quedo hecho polvo y entre todos los vecinos hicieron una recolecta del sueño que más le hubiera gustado. Por Isis, hicieron en el lugar donde vivió un nuevo hogar; un refugio para animales abandonados. Mientras, a las afueras de la gran ciudad, los remordimientos, consumían a su único hijo.

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