Número Uno se hacía llamar el jefe de los ratones que habían conseguido sobrevivir en el espacio. Antaño fueron ratones que vivían en la Tierra, sometidos a pruebas por unos humanos llamados ser «científicos», que intentaban averiguar si un ratón podía sobrevivir en el espacio.

Cuando los humanos del laboratorio hicieron la prueba, como conejillas de indias, algunos sobrevivieron, mientras que otros perecieron por el camino. Una vez en el espacio, Número Uno y algunos pudieron seguir vivos gracias a un sistema de respiración que pudieron conseguir, aunque también trajo sus consecuencias. El sistema de respiración al que podían acceder les proporcionaba más fuerza y más resistencia en sus diminutos cuerpos. Era su única vía de supervivencia.

Un día, Número Uno despertó diferente a cómo era antes. El y los demás supervivientes, despertaron en forma humana con cabeza de ratón. Habían adquirido altura y sus cuerpos cambiaron a medida que iban respirando. Sus brazos se habían alargado y sus piernas también. Su cabeza, había aumentado al igual que su capacidad de pensar.

Dejaron de pensar como ratones, para tener pensamientos como los llamados humanos que en la Tierra habitaban. Podían llegar a pensar como seres humanos, como los mismos humanos que les enviaron al espacio. Gracias a su capacidad de pensamiento, tuvieron la facilidad de conseguir un hábitat más cómodo y pensar en la posibilidad de algún día, no muy lejano, poder bajar a la Tierra para vengarse de los humanos científicos.

Los pensamientos de Número Uno eran rápidos y precisos. Una noche despertó con el nombre de Sociedad Anónima Científica Experimental en Ratones. Y la imagen del logotipo que indicaba donde se hallaban. Sin más preámbulos, decidido, despertó a los demás. Empezaron a hacer funcionar, sin saber cómo, el motor que les trajo al espacio para adentrarse de nuevo en la nave y bajar a la Tierra.

El aterrizaje no fue uno de los mejores, aunque todos los ratones bajaron sanos y salvos a la Tierra. Pisar la Tierra le era nuevo para ellos, ahora pisaban la Tierra con su forma humana. No muy lejos de de su aterrizaje, se hallaba la Central de los Científicos. El jefe de sección al oír el estruendo salió de su habitación. Al ver a los ratones de sus labios trémulos tan solo pudo decir: Extraterrestres… __¡Existen de verdad!.

__No somos extraterrestres. Somos los ratones que una vez enviasteis al Espacio. Ahora pagaréis por vuestros actos malvados. __amenazó Número Uno.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

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