El vagabundo fingió que no lo sabía. Pero sabía que alguien o algo, lo estaba observando oculto entre en las sombras. Lo percibía. Siempre lo había percibido, aunque lo ignoraba, fingiendo lo que en realidad no era. ¿Quién podría estar observando?

Tomás, se convirtió en vagabundo, en un hombre sin techo y muerto de hambre, el día en que dejó a su familia por andar con amistades que le llevaron por el mal camino, el de enredos de faldas. Antaño había sido un hombre feliz, con un casa, una mujer y un hijo. Había tenido un trabajo. Un bar que junto con su socio Damián llevaban juntos. Todo iba bien. Hasta que un día su socio se fue a Cuba. Allí conoció a un cubana de la cual se enamoró perdidamente.

Esmeralda, encontró en Damián al hombre al que había esperado durante toda su vida. Atento, cariñoso, comprensivo y capaz de hacer cualquier cosa por ella. Cualquier cosa, como ofrecerle la Luna entera.
Por ti cualquier cosa, Esmeralda _le dijo embelesado ¡Llevaba contigo a España! _ le suplicó.

Damián no dudo en la súplica de su amada. Sin pensar en las consecuencias y en cómo podría reaccionar su compañero de trabajo, socio mejor dicho. Damián se había enamorado perdidamente de Esmeralda, sin pensar en las consecuencias que vendrían más adelante.

Un día en el bar Tomás y Damián se vieron envueltos en una pelea. Ambos eran socios, y como tal llevaban el bar a medias.

En este negocio estamos tu y yo. Nadie más. _le dijo tajante Damián, al enterarse de que quería interferir Esmeralda de por medio. __Tomás, compréndeme. Es la primera vez que siento me he enamorado de la mujer perfecta. Ella podría ayudarnos con el bar. Con la clientela y los pagos…. ¡No! – dijo rotundamente. Y menos en la caja, donde guardamos todos nuestros ahorros. ¡Te has vuelto loco o estas ciego!
¡Tomás! Lo que ocurre es que no soportas verme feliz, mientras tu mujer te dejo por los líos de faldas en que te metiste y ahora no quiere que regreses a la casa. Mientras, sé que vives dentro del bar, porque es el único lugar al que puedes estar.
Damián, no te preocupes tanto por mi y preocúpate por ti. El día que dejes entrar a Esmeralda, sabrás de lo que te estoy hablando. ¿A donde vas, Tomás? _ preguntó confuso su amigo
__Lo dejo. Me voy. Si tu haces entrar a Esmeralda, te acordarás de mis sabias palabras. Y sin más discusión, Tomás abandonó el único lugar que tenía, por el egoísmo de su socio y Esmeralda.

Hacía un par de meses que Tomás había deambulado por donde antes había estado su bar. Ahora convertido en la nada. Un cartel de vendido colgaba, roído por el tiempo. Muchos recuerdos, buenos y malos revivió en ese preciso instante. Imaginó que Esmeralda le había consumido todo el dinero, llevando el bar que Damián habían llevado juntos, cuando antaño fueron socios una vez…
Por otro lado, Tomás tenía muy buena intuición y el que le vigilaba y observaba entre las sombras no podía ser más que su amigo, o al menos, eso creía…