Recuerdo en especial un 22 de enero. En el que el frío del invierno se calaba en los huesos y el del miedo también. Sí, el del miedo. Cerraste por última vez los ojos, en una fría cama de hospital. Dejaste de sufrir, de tomar antibióticos y demás pastillas, para qué!. – Para nada – Nada te salvó de la muerte. Ni las pastillas, ni los médicos pudieron llegar a tiempo. Nadie pudo hacer nada más.

Después de una vida de sufrimiento y de pesares, tu mente empezó a decaer en el olvido. A lo que los médicos denominan «demencia senil».

22 de enero, el día en que decidiste cruzar la línea y ver la luz del más allá. Dejar de sufrir en esta vida, para hallar la Paz en la otra.