Los cuatro se callaron. Dan, Douglas, Dylan y Dereck, hermanos y compañeros de profesión, sabían que habían llegado a su destino. El tren se movía deprisa, a un ritmo veloz. Llevaban un sombrero cada uno, para cubrirse del sol. Los cuatro habían dedicado parte de su vida al mar, siendo éstos marineros de profesión. Siguiendo, siendo estos unos niños, las enseñanzas que su propio padre les enseñó. La vida en el mar nunca fue tarea fácil. Muchas veces habían soñado en poder navegar en navíos grandes, recorriendo el océano. Un océano sin fin. Sueños que de jóvenes eran solo sueños, ya que sabían que no tendrían esa suerte. Pero se equivocaban.

Dan y Douglas eran los hermanos mayores seguidos de Dylan y Dereck. Eran los que ayudaban en las tareas que requerían más fuerza, como el coger los sacos de arena o levantar las redes, donde eran capturados los peces. A sus padres pocas fuerzas ya les quedaban. Los surcos de las arrugas y la piel reseca por la edad, habían hecho mella en ellos. En una vida de lucha por una supervivencia y un pensar en el futuro de sus chiquillos que se habían convertido en hombres hechos y derechos.

Con el tiempo, los cuatro empezaron a salir y a conocer a cuatro bellas jóvenes, hijas de pescadores, con los que llegaron a contraer matrimonio. Sus vidas eran sencilla pero tenían lo que otros soñaban tener; la felicidad del hogar. Hasta que un buen día, una notificación hizo cambiar el rumbo de sus vidas. A los cuatro les había llegado una nota, cuyo contenido era el sueño que tanto habían soñado en otras ocasiones. Notificando el viaje que tanto habían ansiado…El de navegar en el navío más grande, durante tres meses.

Se le recompensaría con una buena cuantidad de dinero a cambio de estar tres meses a bordo del navío y tener la ventaja de poder trabajar en él. Sus mujeres a pesar de que sabían que les echarían de menos, sabían que tenían un buen motivo. Sus vidas eran sencillas y eso les podría ayudar un poco más a que los días fueran mas llevaderos. Miraron a sus esposas, con un brillo en los ojos. No se querían decir un «Adiós». Se despidieron de ellas, prometiendo volver con nuevas noticias y que sus vidas fueran mas fructíferas.

El navío era enorme y el trabajo nunca terminaba. Los días pasaban lentos, terminando cansados del duro trabajo que se les había encomendado. Tumbados en sus camerinos pensaban en regresar, en sus mujeres, en sus vidas. Deseaban con fervor que pasaran los tres meses y poder regresar a sus hogares y abrazar a sus mujeres. Pensaban en lo ingenuos que eran de más jóvenes, cuando su mayor sueño era navegar en el gran navío, en el que ahora se encontraban…Mientras, la realidad era muy distinta. Ahora solo pensaban en regresar a sus hogares.