Alán se hallaba escribiendo, mientras miraba a su amada que dormía plácidamente, la carta que desataría la verdad sobre quien era en realidad.

Querida Ruth,

Te escribo esta carta porque si te dijera la verdad, tal vez no me creerías. Tengo más años de los que crees, He viajado por el mundo y he sido testigo, de ver con mis propios ojos, cuando Dios creó a la primera mujer y al primer hombre en la Tierra. Hace unos años había permanecido fiel y obediente como los demás ángeles. Sí, ángeles mi amada Ruth. Hasta que desobedecí unas órdenes, junto a otro ángeles que Dios nos había impuesto. Tal castigo, nos llevo a ser desterrados del cielo. Soy un ángel oscuro, un ángel caído, por desobedecer las órdenes del Supremo.

Con el tiempo nos hemos dividido por el mundo, buscando la mujer perfecta para engendrar a un nueva generación más fuerte y poderosa. Te amo, tal vez demasiado para dejarte marchar. A tu lado deseo permanecer, pero de momento en las sombras me esconderé, esperando tú llamada.

Tu amado, Ángel Caído Alán.

Al despertar encontró el paraguas con el que había tenido que utilizar el día anterior. Junto a él una carta esperaba ser leída. Se incorporó en su recámara. Parpadeando varias veces al leerla. La releyó de nuevo, con la seguridad de haberla leído y entendido bien.
—Pero, pero….—tartamudeo, sin poder creer lo que estaba leyendo.

Cerró los ojos recordando el día anterior. Había sido un día lluvioso, se había olvidado el paraguas y de casualidad encontró uno en la acera. No había tenido reparo en cogerlo, para cubrirse de la lluvia. Aunque su torpeza la hizo casi resbalar y caerse de no ser por la ayuda de Alán. Alan ese joven de ojos claros y bien vestido. De facciones varoniles y un tacto suave en sus manos, cuyos dedos eran largos y manos fuertes. De tez blanca y complexidad delgada. Recordó quedar embelesada por su belleza angelical…

Miró de nuevo la carta que reposaba en su regazo y deseo saber más. La curiosidad le invitó a no temer a a la verdad. Pues nunca había pensado en la posibilidad de que existieran otro tipos de ángeles, aunque si Adán y Eva provocaron la lujuria, ¿por qué algún o algunos ángeles no tuvieron que rebelarse contra las leyes o normas de Dios?.

—¿Lo hago llamar? — se preguntó a sí misma, mientras meditaba, masticaba una manzana. Sino lo llamo, me quedaré con la duda de si es cierto o no.

—Alán sal de las sombras, por favor….
—Me has hecho llamar, amada mía.— respondió ,envuelto en dos alas negras.
—¡Acércate! — deseo verte, de nuevo. Descubrir en ti, en el ángel oscuro que así te hacen llamar, mientras trazaba con las yemas de sus dedos su hermoso rostro, con una mirada de haber sufrido durante mucho tiempo en la soledad.

—¿No me temes, al saber quien soy en realidad?.
—¿Cómo puedo temer al ángel caído que me ha robado mi corazón?.