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Vicente llevaba viviendo en el mismo pueblo desde que era un niño. A sus dieciocho años, parecía que en su vida faltaba algo más. Criado entre las faldas de tres mujeres y bajo ninguna influencia varonil. Vicente era el único varón de la casa. Su madre y su abuela fueron quienes a crecer en un mundo difícil, donde hombres dejaban preñadas a las mujeres, para luego huir y no responsabilizarse de ejercer de padres. Cada día, a su manera, les da las gracias por las enseñanzas que a día de hoy, le han ayudado a ser el hombre en que se ha convertido en la actualidad.

Jacinta, en sus tiempos de juventud, fue engañada y traicionada por un Don Juan que le regalaba rosas y le recitaba versos en su ventana cada noche. Jacinta llegó con el tiempo a enamorarse de ese Don Juan. Fruto de dicha relación, nació Vicente. De los labios de su madre, lo único que pudo sonsacar fue que el que era su padre la abandonó al saber que se encontraba en cinta. Los hombres de la época de su madre les gustaba mucho reunirse en los bares y tenían dos placeres a los que no podían resistirse; el sabor de un buen vino y el placer de gozar con hermosas mozas, jóvenes y bonitas.

Luego se encontraba su tía Esmeralda, una mujer desenvuelta y capaz de convivir sola, sin la necesidad de ningún varón. Con la experiencia de su hermana mayor, tan solo sabía que enamorarse de algún hombre, le llevaría dolores de cabeza. Esmeralda decidió ayudar a su hermana, sin evitar hacer lo que siempre le había gustado. Recorrer el mundo y explorar nuevo lugares. No hay mayor y más grata experiencia que el poder viajar y sentirse libre.

—Tienes mucho sueño, Vicente.—señaló al ver cómo se frotaba los ojos su hijo.
—Estoy bien, madre—le tranquilizó. Solo es un poco de cansancio.

Aunque los pensamientos de Vicente no estaban diciendo del todo la verdad. Lo que en verdad necesitaba temía decirlo en voz alta. Por eso callaba y siempre se quedaba con las ganas de decir lo que realmente sentía, para no herir lo sentimientos de su madre. Su tía Esmeralda leyó el pensamiento de Vicente. Ella sabía que en verdad lo único que deseaba y necesitaba.

Antes de que su madre se levantara, le dejó una nota en sala comedor diciendo: «Volveré». Y se lanzó a la aventura en la barca.

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