¡Cómo me gustaría ser cómo aquéllos pájaros que pueden volar! —dijo Verónica, ensimismada en sus propios pensamientos.

Los nudillos de su hermano mayor, la desviaron de sus pensamientos. Últimamente tenía sueños extraños. Se veía volando, cómo si aquello fuera posible. Junto a ella una mano de un hombre, le agarraba firmemente, pero con suavidad. Con la ternura con la que se aprecia a una hija. Por desgracia, su padre había fallecido y nunca le contaron el verdadero motivo.

—Entra, la puerta esta abierta —dijo Verónica a su hermano. Sabía que era él, por la forma de tocar

—¡Hola hermanita! —le saludo con una sonrisa, entrando por la puerta.

—¡Hernán! —¿Qué quieres?, le preguntó

Hernán quedó mirando a su hermana, un tanto confuso. ¿Qué te pasa? —le preguntó éste, extrañado, con el ceño fruncido.

Verónica empezó nerviosa a hablar por los codos de sus problemas y sobre todo de sus sueños. Hablando para ella y a la vez dirigiendo a su hermano, como si de un monólogo estuviera haciendo en escena. ¿Tú sabes algo de los sueños?, ¿Qué puede significar que yo esté soñando en volar y en ver como me agarra de la mano un hombre?. Pues claro que no, y si lo sabes. Dímelo.

—Creo que sí —respondió aclarándose la garganta. Va siendo hora de que sepas el secreto que madre siempre ha querido ocultarte, ya por precaución o instinto maternal… — afirmó.

—¿A dónde me llevas? —preguntó Verónica

—Tú, sígueme. Eso sí, no digas nada a madre

—Sabes que no me gustan las sorpresas—insistió

—Yo tengo todas las respuestas a tus preguntas. Pero aquí no te las puedo contar.

En silencio, su hermano iba conduciendo en silencio. Pensaba en cómo decirle a su hermana la verdad. Ya no era una niña. Ambos eran adolescentes, él tenía veinte años y su hermana recién cumplidos sus dieciocho.

Aparcó en una montaña alta, donde no podían ir más en coche. Al bajar, Verónica vio el espectáculo más hermoso de todos, jamás visto.

—¡No es un sueño! —exclamó. En verdad, sí podemos volar…..dijo ensimismada

—Ven, siéntate aquí y los veremos mejor. Se les llama paracaidistas. Es un deporte peligroso, aunque hermoso del que nunca te cansas de observar

—¿Tu lo has practicado? —quiso saber Verónica.

—Conocí a nuestro padre, Verónica. Empezó a recitar su hermano, desviando la pregunta, hasta otro momento. Los ojos de Verónica se llenaron de lágrimas.

—¿Cómo era? —preguntó con un nudo en la garganta

—Te pareces mucho a él. Atrevido, sin miedo a nada. Capaz de volar como lo hacen los paracaidistas. El era….¡Dios ten misericordia de mi, por lo que voy a confesar!.

Verónica era la primera vez que veía a su hermano en ese estado. Esperando una respuesta por parte de él. Sabía que no le era fácil hablar y confesarle la verdad. Esa verdad que tantas años había estado esperando y que su único hermano, tenía respuestas para ella.

—Tus sueños, no son casualidades. Yo creo en ellos. Y todavía, sueño con esa mano que me guía por el camino de la vida, esa mano que se perdió en el infinito….dijo susurrando. Verónica, tú padre, nuestro padre era de vocación paracaidista.

—En serio…Nuestro padre, volaba como ellos. ¿Por eso madre nunca cotarme la verdad?.

—Hay más… —yo soy el que se siente culpable. Nuestro padre un día me enseñó cómo volaba y un fallo, hizo que cayera al vacío. Vengo aquí todos los días para verlos volar, porque es como si nuestro padre estuviera volando con ellos.

—Atrévete a volar, hermano. Yo más adelante voy a ser como padre. Ahora sé la verdad, y gracias a ti, nada ni el miedo me detendrá. Y padre estará conmigo SIEMPRE

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

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