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Mojitos, by Neus Sintes

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Después de una semana, Dereck había recibido la buena noticia de que necesitaban a un camarero y éste no dudó un segundo en decir que sí estaba interesado. Necesita trabajar. Tener un trabajo. Aunque solo fuera estable por unos cuántos meses. Habría ganado lo suficiente, para poder vivir y seguir avanzando. Desde que sus padres fallecieron en un accidente de tráfico, nunca más le gustó adelantarse a los acontecimientos. Aprendió a vivir del día a día. El conocer a Dunia, había sido la mejor de su vida. 

En cuánto a Dunia. No había tenido tanta suerte en el ámbito laboral. Al ser una mujer inmigrante y sin todos los papeles necesarios, aún por cumplir, para poder ganarse el pan. 

Dereck amaneció contento de saber que podría pasar el día con Dunia, pues le habían dado el día libre. Normalmente libraba un día a la semana. en el que podía dedicar a sus cosas. Una de ellas era despertar junto a Dunia, oler el perfume de sus cabellos y verla abrir los ojos.

Decidió hacer unos mojitos para acompañar durante la cena. Estaba tan acostumbrado a hacer en el bar, que hoy podría ser una ocasión para poder enseñar a Dunia cómo se preparaban. Y qué mejor manera que hacerlo juntos.

—Bueno, creo que tenemos todos los ingredientes para hacerlos —mientras reflexionaba, tocándose el mentón.

—Ayer fui a comprar algunas cosas que nos harían falta —respondió Dunia

Mientras preparaban los ingredientes con los que tenían que realizarlos, Dunia prestaba atención. Nunca sabía cuándo necesitaría aprender a hacerlos. 

—2 cucharadas de hojas de menta fresca, compactadas … .Prosiguió Dereck.

—A continuación 1 lima pequeña cortada en 4 gajos…

—La estoy terminando de cortar —le indicó Dunia curvando los labios con una sonrisa.

—Humm…¡y que no falta media taza de ron blanco! —añadió Dereck, satisfecho.

—Nos olvidamos algo…—dijo pensativo

—¡Ya sé! —las 4 cucharadas de azúcar —exclamó entusiasmada Dunia. 

—Y por último, 1 ½ taza de cubitos de hielo —concluyó Dereck.

Brindaron por ellos dos. Cada día se sentían más unidos. Dereck siempre había pensado que lo que llamaban media naranja, no existía. Otro mito más. Fue conocer a Dunia, cuando empezó a creer en una posibilidad, en que el destino deseó que se encontraran. 

Al día siguiente, unos golpes en la puerta, llamaban a la puerta con insistencia. Dunia fue a abrir con temor. Dereck se encontraba en el trabajo. 

—¡Abran la puerta! —Somos la policía. 

—¿Qué desean? —preguntó con el ceño arrugado, viendo como los dos agentes, se miraban a los ojos.

—¿Usted es la hija de Esteban García? —preguntó uno de ellos.

—Sí, soy yo. ¿Tienen noticias de mi padre? —les preguntó alarmada.

—No. Además, no venimos para hablarle de su padre…—sino de usted señorita…

—Traemos una orden de que debe abandonar el domicilio.

—¡Cómo! —Pero no tengo a dónde ir. Mi padre y mi única familia. Este es mi hogar. 

—Son las leyes del Estado de Escocia. Me explico —prosiguió uno de ellos —Al ser mayor de edad, no puede habitar un apartamento de un presidiario. Aunque usted sea su hija. 

—Tienes 24 horas para desalojar la vivienda. En caso contrario, tendremos que echarla por las malas —dijo con crueldad en su tono de voz.

—Pero…Pero —Dunia estaba sin palabras. 

Dereck encontró a Dunia sollozando, mientras recogía las pocas pertenencias que había traído consigo. Un manto de lágrimas cubrían el rostro de Dunia que no podía dejar de llorar. La rabia y el dolor le consumían por dentro. 

Dereck encontró a Dunia sollozando, mientras recogía las pocas pertenencias que había traído consigo. Un manto de lágrimas cubrían el rostro de Dunia que no podía dejar de llorar. La rabia y el dolor le consumían por dentro. 

Se lo explicó todo a Dereck, quien no dejó de abrazarla y de consolarla. 

—No estás sola —saldremos de ésta y recuperarás la casa de tu padre. Encontraremos otro lugar, en el que poder vivir.

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