Son muchos los rumores y leyendas urbanas, que ciertas o no, se han ido esparciendo de generación en generación, llegando a oídos lejanos de que existe una maldición que se oculta, bajo la fría mirada de la llamada mansión Mady’s, que hace mucho tiempo acaeció sobre el lugar. Nadie sabe con certeza, realmente lo que ocurrió. Lo único de lo que están seguros es que, el se atreva a posar un pie en esa casa, no sabe lo que hace o desconoce su misterio.

Mónica, recién había llegado a la ciudad, en busca de una casa. Había heredado una fortuna y quería sentar la cabeza. Al pasar con el coche, éste freno en seco. Había localizado la mansión de la que nadie osaría entrar ni mucho menos vivir en ella. Aunque estaba oscureciendo, quedo fascinada por aquel lugar.

Aparcó y bajó del coche, con la intención de verla de más cerca. Atraída por ese lugar mágico, lleno de cipreses que aún se mantenían en pie y el de un jardín hermoso y bien cuidado. Una dulce y suave brisa empezó a sentir mientras observaba el lugar, cautivada por su belleza, se percató del letrero que asomaba roído anunciando que estaba en venta.

A la mañana siguiente desde el hostal donde se hospedaba realizó un par de llamadas a inmobiliarias, preguntando por la casa. De todos recibía la misma respuesta.

—Estaba interesada en comprar la casa de los cipreses. —empezaba diciendo….—sin darle tiempo a continuar hablando.

—¿No estará de broma? —le preguntaban, sin salir de su asombro

Después de no sé cuántas llamadas, el de la posada, un hombre entrado en años, no había dejado de observarla, atento a las llamadas que realizaba sobre la casa. Mónica se percató de su presencia y no tuvo reparos en preguntarle, en saber porque todo el mundo se negaba a enseñar el lugar.

—No he podido evitar oír su conversación, querida niña. —lo siento, pero hagas lo que hagas, creo que es mi deber que te cuente algo acerca de ese lugar. Tal vez comprendas, porque no te quieren enseñar la casa.

—¿Crees en los fantasmas? —le preguntó el anciano.

Mónica negó con la cabeza, a modo de respuesta. Sin nada que perder, se sentó junto al anciano.

—Se cuentan leyendas extrañas y sobrenaturales que hace mucho tiempo sucedieron en ese lugar. Ciertas o no, nosotros sí creemos en ellas. Creemos en las maldiciones. Una maldición abunda en ese lugar, de eso estoy seguro. Cual es cierta o no, de eso ya no lo sabe nadie. Pero, de entre todas las leyendas que puedas oír acerca de ese lugar, una sé que es cierta.

—le escucho —respondió Mónica.

—En ella vivía un matrimonio y tenían como jardinero y hombre de mantenimiento a un joven audaz campesino. Muy trabajador y que siempre se le oía tararear melodías y canciones. El patrón era un hombre rudo, que le gustaban mucho sumergirse en las faldas de las mujeres y darle al ron. Muchas noches, llegaba a escasas horas de la noche, bebido y oliendo al sudor de la mala vida.

Se dice, que tras el abandono en la que la tenía. Valeria y el campesino se enamoraron. Mientras el patrón pasaba noches hasta tarde sin llegar e ebrio. Valeria y el campesino se amaban en silencio. El le cantaba y las melodías que de su corazón le llenaban de amor. Pero una noche, su marido llegó antes de lo previsto y al encontrar a su mujer en los brazos del campesino, del hombre que tenían de mantenimiento. El patrón lleno de ira empujó por el balcón a su mujer, falleciendo en el acto.

Ambos hombres se pelearon en una intensa pelea, en la cual el campesino resultó ser herido. Mientras se desangraba una maldición acaeció sobre el lugar. Por ello se dice que en la casa abunda el alma errante del fantasma del campesino, el cual falleció, sin su amada. Tras los sucesos, el patrón se suicidó y nunca más se supo. Solo que no es normal, que al no haber nadie en la casa, el lugar permanezca tan lustroso y el jardín siga como el primer día.

—Ahora lo entiendo. Entiendo el porque no quieran venderla. Aún así, no temo a los fantasmas. Y si hay alguno, no voy a temerle.

Mónica consiguió comprar la casa y muchas noches se sentaba en el porche a tocar la armónica y entonces detectaba una brisa cerca de ella. Sabía que era el. Poco a poco empezó a mantener comunicación con el fantasma, a no temerle a través de sus canciones.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

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