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Sombra oscura, by Neus Sintes

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Mina era adorada por todos sus alumnos. Era una excelente profesora. Había dedicado parte de su vida a su oficio y se consideraba afortunada de haber llegado tan lejos. En su hogar, siempre se respiraba paz y tranquilidad. Vivía sola, en su apartamento de soltera.

Después de un largo día de trabajo, una presencia empezó a notar. Sentía su aliento detrás de ella, a cada paso, más intenso y mas cercano. El pulso se le aceleró, intentando llegar lo más rápido a su casa. Una calle más, girando a la derecha y estaría a salvo. Entreabrió, nerviosa la puerta y entró rápidamente, cerrando la puerta con llave, jadeando.

Pulsó el botón del ascensor, con ansias de poder entrar en su casa. Al entrar, las puertas se cerraron, chirriando. El ascensor fue ascendiendo hasta que paró bruscamente, haciendo retroceder a Mina de espaldas contra el cristal que tenía detrás. Por fragmentos de segundos creyó ver una silueta. La silueta de alguien o algo. Se volvía a sentir observada. Apartó esa idea de la cabeza e intentó serenarse, ya que todavía no se había recuperado del susto de antes.

Una sombra oscura, se filtraba por debajo de la puerta, cuando Mina entró en su casa. La sombra fue recorriendo, en silencio la estancia. Empezó a subir por las escaleras que conducían al dormitorio de Mina.

El cansancio se fue apoderando de Mina. Se despojó de sus prendas, para ponerse el blusón de noche, pareció notar algo, la presencia de alguna cosa, pero sin saber qué e hizo caso omiso. Súbitamente, las ventanas se abrieron, como si de un vendaval se tratara. Una ráfaga de viento le acarició la cara, desenredando sus cabellos. Exhausta, fue a cerrar las persianas con pestillo, ya estaba cansada de tantas cosas extrañas que le habían sucedido a lo largo del día.

Se acostó segura de caer en un profundo sueño…

Se encontraba yaciendo con alguien. Ella se sentía acalorada por la pasión y el deseo. No se le veía ni la forma ni su rostro, tan solo el ritmo del compás de cuando dos personas hacen el amor frenéticamente. Pasaron toda la noche yaciendo como dos fieras salvajes, besos flotando por el aire, ojos mirándola, ojos verdes atrapándola y devorando su ser hasta que el recuerdo de esos ojos la hizo volver a la realidad.

Mina despertó acalorada y sobresaltada. Finalmente, se metió en la ducha, puso el agua tibia y dejó que fluyera bajo su cuerpo gota a gota. Saboreaba aquel agua que le sabia a gloria. Dada la noche que había pasado llena de pesadillas, de que alguien le estaba haciendo el amor, sin saber que sentido darle.
Se cubrió la cara para secarse bien y cuando abrió los ojos se encontró con la misma mirada. Aquella mirada que esa noche la había poseído.

De entre una niebla transparente resurgió el ser en forma de hombre, con ojos inyectados en sangre, mientras devoraba el alma de Mina, fusionándose en un solo cuerpo.

hasta que una sombra oscura se apoderó de ella.

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