Octubre había llegado y con él un cambio de aires en el ambiente empezaba a surgir. Los días de calor pasaron deprisa, dando lugar a la brisa nocturna, en la que una chaqueta por encima, no molestaba. Se aproximaban tiempos complicados.La temporada alta de verano había finalizado y muchos hoteles despedían cordialmente a sus clientes, los turistas, hasta la próxima temporada. 

Eso significaba que los contratos de verano también se terminaban, avisando a los empleados, que no podían disponer más de ellos. Dereck sabía que llegaría este día. Así se lo hicieron saber en el bar donde trabajaba temporalmente de camarero. 

—Dereck, ¿puedes venir un momento a mi despacho? —le preguntó con voz ronca su superior. 

—Voy a atender a los clientes de la mesa 43 e inmediatamente vengo —le hizo saber.

—Por tu expresión, imagino que sabes porque te he hecho llamar —le dijo su superior, apagando su cigarrillo.

—Me imagino que se debe a mi contrato…

—En efecto. Tienes buena intuición. Eres un buen empleado, no me cabe duda. Pero tu contrato finaliza en estos días y debes comprender que la temporada alta se está terminando. 

—Lo sé. ¿cabe alguna posibilidad de que me contraten para más tiempo? —quiso saber Dereck.

—Ahora mismo, no. Lo siento. Pero ten presente que el año que viene te llamaremos de nuevo. Eres un buen empleado. De todas formas, en un futuro puede que hubiera la posibilidad de un posible contrato fijo…—dijo su superior mientras se tocaba su barbilla, pensativo. 

—Muchas gracias, de todas formas.— respondió Dereck.

Dereck, pensativo, había hablado la noche anterior con Dunia de que tendría que salir a la ciudad por la mañana temprano en busca de trabajo. Su contrato como camarero había finalizado y tenía que ir en búsqueda de uno. 

—Tranquilo, seguro que encuentras alguna oferta de trabajo—le tranquilizó Dunia.

—Eso espero, cariño. 

A la mañana siguiente, Dereck besó con ternura a Dunia, aún dormida. Deambulo por todos lados, ofreciendo sus servicios y no encontró nada. No tuvo suerte. Siempre recibía la misma respuesta. La falta de trabajos era un mar de desierto en el que se encontraba él y muchos otros ciudadanos.  Cansado, empezó a masticar un chicle de menta. Aunque pudiera parecer una tontería, a él siempre le consolaba. Sentía el estrés que le producía la situación laboral, mientras caminaba por la acera de un lunes ajetreado. Típico de la ciudad. Había perdido la cuenta de los currículums que había echado u ofrecido a cuántos establecimientos encontraba a su paso. 

Al llegar a casa, aprovechó que Dunia aún no había llegado, para darse una ducha y relajar sus tensos músculos. Al salir a la habitación se secó con una toalla y se puso las pantuflas. Tenía los pies cansados de tanto caminar.

Cuando Dunia apareció por la puerta, pudo ver el cansancio y la frustración en sus ojos. Así que prefirió no preguntar por cómo le había ido en la ciudad. 

Cenaron en silencio y en armonía. Lo que no imaginaba Dereck era la sorpresa que le tenía preparada Dunia. 

Dunia aprovechó para cambiarse y en el dormitorio, lo recibió con su blusón violeta, que le hizo enloquecer de pasión. 

—Amor mío, tengo un trabajito para ti. —le dijo con una sonrisa pícara.

Pasaron la noche entre gemidos de pasión. Olvidando los problemas del día. Sus pensamientos estaban en otra parte, enredados entre las mantas, siguiendo el recorrido de cada poro de sus cuerpos. Dereck se sumergió en las profundidades de Dunia. La mujer que siempre tenía esa faceta que le hacía enloquecer de pasión. 

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

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