Cristian esperaba con ansia las cartas de su amada que con tanto fervor se iban escribiendo. Don Juan, el cartero tocaba su campana cada dos por tres. Hasta se habían hecho amigos, de tantas visitas que a su buzón iban a parar aquellos sobres que el cartero depositaba con sumo cuidado.

Cristian sabía que uno de ellos era de su querida Teresa. Al recoger las cartas, muchas de ellas eran pura propaganda. Solo una de ellas era de su interés.

Querido Cristian.

Como sabes bien, pronto llegaran nuevos cambios y con ellos el ordenador que con tanto esmero me ha comprado mi marido. Lo sé, Sé lo que piensas. Que igualmente podemos escribirnos, como lo hacemos ahora. Pero mi posición no es la misma que la tuya, por desgracia. Maldigo el día en que mis padres me presentaron al que es mi esposo. Han pasado muchos años y mi amor por ti no ha cambiado.

Aunque mis huesos ya no son los que eran, ya he perdido las fuerzas por luchar. No es que me haya rendido. Pero mis fuerzas sí me han abandonado. No soy la jovencita de antes. Los años me están pasando factura. Lucho en esta vida por una sola persona que me anima desde la lejanía a seguir adelante, cada día. Esa persona eres tú, Cristian.

Espero y deseo que esta no sea la última carta que te escriba.

Te amo, Teresa

Cristian quedó pensativo. Sabía que el tiempo había pasado. No eran los jóvenes de antaño, aunque su amor era verdadero, estaban destinados a estar separados porque el destino se interpuso en sus vidas, el día en que tuvo que contraer Teresa, el amor de su vida, matrimonio con el hombre que sus familias destinaron para ella.

Las cartas fueron su única vía en las que se dedicaban su amor. A través de las líneas, había muchas palabras que significaban mucho. Las palabras contenían el poder de la llamarada del amor que existía entre ellos. Los años pasaron y las cartas siempre llegaron.

Temía por la última frase que le había escrito en la que esperaba que no fuera la última de sus cartas.

El cartero no regresó más.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

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