El miedo se había apoderado de Robin, desde el mismo momento en que había cruzado el umbral prohibido del que a muchos había oído hablar. La línea que separaba por así decirlo, la realidad de la ficción. O como dirían los sacerdotes, lo opuesto entre el bien y el mal. Acompañado de sus cuatro mejores amigos, emprendieron un largo camino. Tanto como Robin y sus amigos, sabían de las habladurías y consejos de la gente que se había arriesgado a ir, pero cuando se hallaban cerca, el miedo les paralizaba, emprendiendo la marcha atrás, sin atreverse siquiera a pensar en cruzarlo.

Pero la curiosidad pudo más que escuchar las advertencias de la gente. Ahora, ya era demasiado tarde para echar la vista atrás. Tanto Robin, seguido de Rita, Jack, Koral y Deniss, habían cruzado la línea.

Los cinco podían presenciar a cada paso que daban la belleza del lugar. Mientras a sus espaldas la puerta empezó a emitir un sonido parecido al chirriar de una puerta cuando se cierra…

__No perdamos la calma __hemos oído demasiadas historias de la gente en un intento por tranquilizarlos. __La puerta se ha cerrado por la brisa, por nada más.

El grupo de amigos prefirieron fiarse de las palabras de Robin y con algo más de ánimo, siguieron el camino, olvidando la puerta que por sí sola se había ido cerrando. Vivían en un pueblo donde la mayoría de la gente siempre había sido supersticiosa y creían en que el lado oscuro vivía tras el umbral, al que algunos por curiosidad quisieron entrar, pero el miedo y las supersticiones, optaron por alejarse de lugar.

Robin y sus amigos nunca creyeron en supersticiones ni en la magia negra ni en la posibilidad de que existiera el mal detrás del umbral al que todos le tenían tanto respeto.

En cambio Robin, no estaba tan seguro de sí mismo. De sus mochilas sacaron las linternas, estaba oscureciendo y en aquellos parajes no había farolas que alumbrasen el camino. Un temblor recorrió su cuerpo al ver una sombra.

__¿Te encuentras bien? __preguntó Rita

__No ha sido nada. Un escalofrío.

Robin iba en cabeza, cuando un grito le hizo reaccionar. Deniss y Koral no estaban con ellos.

__Esos tortolitos…__dijo entre risitas Rita.

__¿No estarás pensando?…preguntó Jack al ver el sombrío semblante de Robin.

__No. Que va, Que va…__Sigamos. Tal vez tenga razón Rita.

A cada paso, Robin empezaba a creer en que algo maligno les perseguía. Empezó a percibir una presencia nada agradable. El grito ahogado de Rita y el silencio de Jack le hicieron saber que se había quedado completamente solo. No hacía falta darse la vuelta para comprobarlo. Presentía como se iban acercando, su pulso acelerado, había invadido cada poro de su cuerpo.

No sabía cuantas almas malignas se encontraban en el lugar, de lo que no le cabía duda era que estaba completamente solo, con el mismísimo diablo. Sus amigos habían ido desapareciendo por el camino. Ésa era la realidad.

Llegados de las tinieblas, para saciarse de los humanos. Con la finalidad de poseer nuestras almas, nuestras mentes y nuestros cuerpos. Hacer de este un mundo, un lugar oscuro y sangriento. Robin, ya no pensaba con claridad. Atacan en la oscuridad, durante la noche. Mi linterna ya ha dejado de dar luz. Apenas veo entre tantos hierbas…

A Robin su mente le estaba pasando malas jugadas en las que no podía pensar con claridad. Podía oír sus risas maléficas detrás de él, cada vez más cerca. No podía huir, apenas veía en la oscuridad, a cada tropiezo se levantaba para correr más deprisa hasta volver a tropezar. Finalmente unos ojos rojos se abalanzaron hacia Robin.

__¡Nooo! __gritó.

Finalmente, las luces del cine se encienden, dando por finalizada la película. Con las pupilas de sus ojos aún dilatadas y medio aturdido, Robin se deshizo de las gafas 3D. Mira a sus amigos, con caras sobresaltadas y aturdidos, todavía a causa de los efectos tan reales. Con la mirada se lo dicen todo. Se levantan con ansias de sus respectivos asientos y echan a andar hacia la salida.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

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