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Uno más entre la multitud, by Neus Sintes

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Mickel despertó en un lugar desconocido. No recordaba nada de lo sucedido. Desorientado, intentó levantarse, mientras sus ojos se adaptaban a la oscuridad de la noche. El maullido de un gato llamó su atención.

Al intentar incorporarse, se encontró atado de manos y pies. La presencia felina de pelaje negro y ojos amarillos, pasó por su lado, silenciosamente, mientras con unos agudos maullidos parecían querer decirle algo.

Mickel maldijo en silencio a aquel que le había hecho aquello. Intentando recordar, en qué momento fue secuestrado y conducido en la oscuridad de la noche.

A lo lejos, un coche negro, con las luces apagadas, no se había movido del lugar. Se preguntó si estaría abandonado. Los minutos pasaban y el silencio, era cada vez más difícil de aguantar en su estado. Al otro lado, un muro, hecho de ladrillo gris, lo separaba de lo que supuestamente parecía ser la salida del callejón.

El crujir de la puerta del vehículo, hizo desviar la mirada. Una mujer de andares femeninos de pelo dorado, bajó del vehículo y entonces empezó a recordar. Pequeños fragmentos de lo sucedido en el bar empezaron a llegar a su mente.

Barbara se acuclilló a su lado, mientras se lo quedaba mirando, jugueteando con la linterna en su mano, como si de un tesoro valioso se tratara. Mickel, detectó rasgos en esa mujer, que le eran familiares, al menos sentía que la conocía. Su mente aturdida, no le dejaba pensar con claridad.

__Mickel, Mickel… __empezó a recitar su nombre

__¿Quién eres? __preguntó Mickel, nervioso.

__Un detective como tú, tan famoso por su reputación debería recordar. Ser capaz de tener memoria fotográfica y el de no olvidar. Mickel __prosiguió Bárbara ¿en serio, que no me recuerdas? __le preguntó mirando muy fijamente a los ojos, como si en su mente deseara entrar.

Mickel permaneció en silencio, mirando el rostro de la mujer y entonces un destello en su pupila cambió de color. Su rostro se tornó más pálido aún. Se encontraba delante de la mujer que antaño el lastimó su corazón. Ahora ella reclamaba venganza.

Bárbara supo por su semblante que le había reconocido. Con su dedo índice le selló los labios. Mientras le explicaba detalle por detalle, como hizo para que el llegara a ella y de esta forma, darle de su propia medicina. Barbara, científica de profesión, creadora de la linterna, que dejó a la vista de Mickel, a sabiendas, de que le ofrecieran el caso de su desaparición.

Había fabricado una sustancia para que un breve período de tiempo, la luz que emitiera la linterna, producía un efecto de adormecimiento. Momento que aprovechó para poder retener a Mickel y hacerle pagar por todo lo que había sufrido.

__Vas a escoger entre estas dos opciones. Una, si te quito de las cuerdas a las que estás atado deberás enfrentarte entre la locura de contar la verdad, de la que nadie te creerá y te tomaran por un pobre detective que ha perdido la cabeza. O dos, saldrás de aquí, admitiendo tu derrota y dando por perdida la misión que te encomendaron. Te convertirás en un fracaso. Bajarás de peldaño para convertirte en un detective más entre el montón.

El silencio reinó durante unos minutos que se hicieron eternos.

__Escogeré la opción dos __ dijo Mickel resignado. Su exnovia del pasado lo había vencido.

Salió del callejón una vez desatado para enfrentarse a un mundo, donde el terror le perseguiría así como la misma mirada que ella le clavó por última vez, cuando empezó a andar sin un rumbo fijo. Había perdido toda seguridad en sí mismo. Se sentía perdido y diminuto en un mundo en el que, ahora había perdido toda su fama. Ya no volvería a ser el detective al que por su nombre todos reconocieran. Se había convertido en uno más, cuando admitió a su superior de que había perdido el caso.

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