Cuando la tormenta cesó, muchos de los que se habían refugiado en el local, empezaron a salir a la calle, para irse a sus respectivos hogares. Dereck se ofreció a acompañar a Dunia a su casa. Aunque ésta vaciló unos segundos, terminó por aceptar. 

Afuera aún se percibían pequeñas gotas de lluvia, que terminaban de caer. Por suerte la tormenta no provocó daño alguno. Tan solo grandes charcos podían apreciarse en las aceras y el ambiente tan caluroso del agosto, había dado lugar a un cambio en la atmósfera.  

—Menos mal que ha parado de llover—mencionó Dunia, pensativa.

—¡Ahí está! —exclamó Dereck —al ver su coche intacto. Ha habido suerte y no ha sufrido ningún daño. Las ruedas se encuentran en buen estado —dijo mientras observaba que no estuvieran hundidas ni pinchadas.

—Le tienes mucho cariño, ¿verdad? —le preguntó Dunia, mientras no dejaba de observar a Dereck, como se preocupaba por su coche.

—Bueno, ya sé que parecerá ridículo…Pero hemos pasado muchos momentos juntos, por así decirlo. Es el único transporte con el que me muevo de lado a lado. Uno llega a acostumbrarse. —respondió con una leve sonrisa. 

—Entiendo. Supongo que a mi me sucedería algo parecido de tener vehículo, sin tener que depender del transporte público. —devolviendo una cautivadora sonrisa. 

Una vez dentro del coche, Dereck sintió la necesidad de encender un poco la calefacción. La tormenta había hecho que el tiempo cambiará de aires, dando lugar a una brisa que se percibía en el ambiente.

—¿Por dónde vives? —le pregunto Dereck, percibiendo lo cerca que estaban el uno del otro. 

—Yo te guiaré —Mi casa se encuentra a las afueras. Se encuentra aislada del centro. Dirígete a donde se encuentran las casas de madera, las que se encuentran en el bosque. 

—De acuerdo —afirmó Dereck. Mientras percibía como se ruborizaba.

Dereck consiguió salir del atasco que se había formado, mientras de fondo la música se oía en el interior del vehículo. Percibió que Dunia se había sumido en un silencio poco habitual, por lo poco que la conocía, era como si estuviera preocupada por algo. De vez en cuando la miraba de reojo, teniendo curiosidad por saber en qué pensaba su mente. Le importaba demasiado Dunia. Por primera vez había encontrado a una mujer, con la que podía hablar tranquilamente, sin la necesidad de empezar a tartamudear. 

Poco a poco se fueron adentrando en la espesura del bosque, dejando atrás los edificios para dar lugar a la naturaleza. Se podían apreciar unas casas de madera, rústicas. El piar de los pájaros era el único sonido que se percibía en el ambiente. 

—Ya hemos llegado —respondió Dunia. Puedes aparcar al lado de ese árbol. 

—¿Te apetece entrar a tomar un café? —Es lo mínimo que puedo ofrecerte, por haberme traído hasta aquí.

Al entrar, Dereck percibió el olor a lavanda. Se notaba que en ella vivía una mujer. La cabaña era una casita pequeña de las que se hacían de madera. Era muy acogedora y estaba decorada con pocos muebles. Los necesarios para poder vivir.

—Estás en tu casa —le dijo Dunia. 

—¿Quieres que te ayude? —preguntó Dereck

—No es necesario. El café casi está listo. —Aunque ¿ves los limones que tienes a tu lado? —Pásame uno, por favor. 

Dereck se levantó a coger uno, cuando se percató de una fotografía de Dunia, junto a un hombre; supuestamente su padre. 

—Gracias —le respondió. Me estoy haciendo una limonada. 

Al sentarse junto a Dereck, se dio cuenta de que había visto la fotografía. Su mirada volvió a ausentarse por unos segundos. —Disculpa. Los recuerdos a veces juegan malas pasadas. 

—¿Es tu padre? —preguntó Dereck, queriendo preguntar y no a la vez, para no herir sus sentimientos.

Dunia dejó la limonada a un lado y empezó a hablar —Sí, lo és. Te preguntarás dónde está, el motivo de cómo fui separada de mi padre. El ahora se encuentra en la cárcel por robo. Como te he dicho antes, soy de Puerto Rico. La única familia que tengo es mi padre y el destino me lo arrebató. No te voy a mentir, venimos de un ambiente en que hemos pasado hambre y penurias. En ocasiones mi padre robaba alguna manzana o algún trozo de pan, para que pudiéramos tener para la cena. Pero un día, ese atroz día, todo se fue por la borda. — suspiró—

Venimos a Suecia sin papeles, y por ello nadie quería ofrecer a mi padre trabajo. Pero nunca imaginé ver como esa noche de invierno —lo recuerdo como si fuera ayer— ver con mis propios a mi padre, como dos policías se lo llevaban esposado. Yo me encontraba escondida.

—Fue la última vez que vi a mi padre. — relató a Dereck, mientras una lágrima resbalaba de sus ojos. 

Dereck sintió la necesidad de abrazarla. Y sin pensarlo lo hizo. Dunia dejó escapar sus lágrimas, que escondidas bajo una coraza habían permanecido durante estos años. Hacía mucho tiempo que su corazón había permanecido helado y no había encontrado el calor en nadie. No confiaba en nadie. 

Sobraron las palabras, cuando al separarse, se miraron a los ojos, empezaron a surgir nuevos sentimientos. Un amor empezaba a brillar en sus corazones. 

—No volverás a estar más sola. —Déjame entrar en tu vida. —pronunció Dereck —esperando una respuesta. Dunia le respondió con un beso en los labios.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

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