Francisco estaba enamorado de Margaret desde hacía mucho tiempo. Pero en cambio Margaret nunca identificó las señales de Francisco, preso de la belleza que desprendía ésta al caminar, mientras su corazón sollozaba con tenerla en sus brazos.

Ambos trabajaban juntos en el mismo hospital. Ella de enfermera y el especialista en médico de cabecera. Eran muchas las ocasiones en que se cruzaban por los pasillos, en otras tenían que trabajar en equipo. La conocía demasiado, para saber cómo era y cuales eran sus gustos y las cosas que le aficionaban. Pero de los cinco años en los que seguían trabajando en el mismo hospital, Margaret nunca percibió en Francisco ningún atisbo, ningún indicio de su amor por ella. En cambio, Margaret, seguía soltera. Sus relaciones tampoco habían llegado a buen puerto.

Un día, Francisco emprendió el camino de regreso hacía su casa. Siempre recorría el mismo camino, pero tuvo que desviarse al encontrar que habían cerrado la calle, debido a las obras que se estaban haciendo. Dio media vuelta y emprendió sin mas remedo el camino más largo, donde una pequeña luz le llamó la atención. Guiado por su intuición, detuvo el coche, lo aparcó donde no pudiera molestar y entró guiado por la curiosidad.

Era una tienda de antigüedades, donde la dueña, una anciana de ojos pequeños, aunque vivaces, le saludó,

—¿Necesite que le ayude en alguna cosa, joven? —le preguntó la anciana

—Solo estaba de paso —respondió Francisco, sin dejar de observar todos las antigüedades que por alguna razón, no dejaban de atraerle.

—Donde está mirando, es la sección de hechizos y sortilegios.

—No creo en estas cosas —lo siento, no quería ser mal educado…

—Joven, no es primero que no cree en estas cosas u objetos mágicos. Pero créeme, sé que su corazón dice todo lo contrario. ¿me negará que no está sufriendo por un amor?.

—¡Usted como sabe que….— vaciló antes de seguir.

—Puede que sea ya anciana, pero sé muchas cosas. Vendo amuletos y antigüedades en esta pequeña tienda, apartada de las demás, porque me gusta ayudar a los demás, siempre que lo deseen. Pero sin ser vista por la multitud.

—¿Por qué?— se interesó Francisco.

—Porque me dedico a trabajar con las fuerzas sobrenaturales, para tratar o trabajar por la efectividad de un resultado. —Le susurró la anciana.

—¿Deseas que te cure tu corazón herido? —le preguntó muy seriamente.

Francisco quedo perplejo ante la pregunta de la anciana. Asintió con la cabeza sin pensar en las consecuencias futuras.

La anciana, apagó las luces, dejando unas velas encendidas que iluminaban la estancia. Un silencio se apoderó de la habitación y Francisco temió por un instante, aunque la anciana lo calmó con esa mirada que pareció hipnotizarle.

La anciana le realizo un sortilegio para poder sanar su corazón. Empezó realizando un ritual adivinatorio, leyendo las líneas de la mano de Francisco. En ellas se reflejaba las líneas de la vida. Viendo en ellas, la línea del amor dañada por falta del amor de una mujer.

Nunca imaginó que aquello a lo que se arriesgo, le cambiaría la vida. La magia hizo su efecto. A raíz de entonces, Marilen se enamoró perdidamente de Francisco y vivieron una hermosa historia de amor.

Una noche, como todas las demás, Francisco despertó sudoroso de una pesadilla. Por primera vez en mucho tiempo, se dio cuenta, fue consciente de que sin el sortilegio, Marilen no estaría enamorado de él. Era como si su amor fuera una falsedad, todo gracias al hechizo que años atrás realizó esa anciana de ojos diminutos y vidriosos, le hizo prometer no mencionar jamás donde residía, ni mucho menos mencionar el sortilegio realizado. «Las fuerzas sobrenaturales te perseguirán toda la vida».

Lo que antes le era un sueño hecho realidad, ahora se había convertido en una pesadilla sin fin.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

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