—¿Te conozco?—preguntó. Al darse la vuelta, sus miradas se encontraron por primera vez, quedando presos de un flechazo de amor.

—No. No te conozco —negó él con la cabeza. Aunque, para mí, sería todo un honor. ¿Crees en el destino? —le preguntó Dereck, mientras un cosquilleo en su interior empezaba a crecer. —Por cierto, soy Dereck —se presentó.

Mi nombre es Dunia. respondió, mientras desviaba la mirada hacía el horizonte que tenía delante, mirando el océano infinito. Los rayos del sol resaltaron su hermoso rostro, de tez morena y pelo lacio, iluminando unos exóticos ojos, de un curioso y peculiar color añil. Dereck, pudo percibir una mirada triste y lejana, como si sus pensamientos se hubieran alejado, recordando otros tiempos pasados.

—Destino… —Tan incierto como de costumbre. —susurró para sí misma. No creo en el destino, porque las veces que he creído en él, siempre me defraudó. —Una fina lágrima resbaló por su mejilla. 

—Lo siento —se precipitó Dereck. Lo único que no quería era verte derramar lágrima alguna. Se maldijo a sí mismo por ser tan torpe y hacer las preguntas menos indicadas. 

—Tranquilo —a veces el pasado recurre a mi, devorándome las entrañas por dentro. Me considero una mujer de carácter fuerte y con una gran una gran fuerza de voluntad. Las lágrimas no son sinónimo de debilidad, como muchos creen, sino de valentía. —sus labios se curvaron, formando una leve sonrisa que Dereck pudo apreciar.

Las nubes empezaron a cubrir el cielo, dando lugar a las primeras gotas de lluvia que empezaban a caer con intensidad. Se avecinaba una tormenta de verano.

—¡Dunia, corre! —exclamó Dereck. Mientras sin darse cuenta le asió de la mano y juntos cruzaron la acera, para entrar en el bar más cercano. Los demás hicieron lo mismo. Se podía ver cómo muchos corrían para entrar en bares o locales, donde tuvieran cobijo para no mojarse. Las calles no tardaron en verse vacías y solitarias, mientras los habitantes se mantenían, al igual que ellos a cubierto, de la tormenta que acechaba con furia. 

Se sentaron en una de las mesas del local, donde guarecerse de la lluvia. Lo que más deseaba Dereck era entablar una amistad con Dunia. Llegar a conocerla, aunque no quería herir sus sentimientos con preguntas equivocadas. Se notaba que había sufrido mucho en el pasado. Por sus facciones imaginaba que no era de Escocia, sino más bien de algún lugar tropical. El flechazo que percibió la primera vez que la vió, empezó su cuerpo a percibir ese cosquilleo, de nuevo. 

De fondo oyeron unas voces de unos jóvenes que hacían homenaje a la primera lluvia de agosto. —¡Por la lluvia de agosto! —brindó uno de ellos. Mientras sus compañeros se reían de su comentario. 

—¿Desean tomar algo? —les preguntó el camarero 

—Un batido de limón para mí —indicó Dereck 

—¿Y para la señorita? —le preguntó el camarero, sosteniendo el lápiz en la mano.

—Para mi, puede ponerme un batido de manzana —gracias.  

El silencio se hizo entre los dos, escuchando los aullidos de la tormenta y las gotas de lluvia azotar en las cristaleras. 

—¿De dónde eres? preguntó Dereck, siendo el primero en romper el silencio.

—De Puerto Rico. Aunque la realidad es que, aunque mis raíces provengan de allí, yo no pertenezco a ningún sitio. El mundo es tan grande, que a veces me siento minúscula. Soy una solitaria. Te preguntarás por qué elegí Escocía. La verdad, porque en esos momentos era el destino que más nos convenía..

Hace dos años —prosiguió —me vine con mi padre hacía este llamado Destino. Antes me has preguntado por él. Y mereces una respuesta. Después de seis meses de convivencia, el destino me separó de mi padre, dejándome sola, en un lugar que desconocía y sigo desconociendo. La soledad forma parte de mi existencia. No tengo a nadie, solo un pasado oscuro y unos recuerdos que me persiguen cada noche. 

Dereck la escuchaba en silencio. Deseaba estrecharla con todas sus fuerzas, decirle que no estaba sola. Que él estaría a su lado. Aunque se guardó sus pensamientos para sí mismo. 

No quería asustarla, ni mucho menos que huyera de su lado, solo porque sus pensamientos iban a una velocidad demasiado rápida y quien le escuchara podría tratarlo de demente. Apenas la conocía, pero era como si la conociera de toda la vida. 

—Dunia —se atrevió a decir Dereck. Sé que apenas nos conocemos. Tan solo quiero que sepas que puedes confiar en mi. — Déjame ser tu amigo —si lo deseas. Como amigo, lo último que deseo es que estés o te encuentres sola. 

Por desgracia, sé que es estar bajo los efectos de la soledad y no quiero que tú lo sigas estando. Sé que apenas te conozco, pero presiento que podemos ser buenos amigos y compañeros en este mundo tan difícil.

—¡Brindemos por nuestra amistad! —y mientras levantaban las copas, echaron sus primeras risas juntos.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

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