Soraya llegó a casa después de un día duro en el trabajo y encima poco recompensado, sobre todo si eras mujer. Coloco las llaves, como de costumbre en el soporte, que se encontraba en la mesa del recibidor de la entrada. Mientras se encaminaba a quitarse el peso de su chaqueta de cuero. Y el peso que llevaba sobre sus hombros; el del cansancio acumulado y la agobiante forma de pensar que tenía su superior acerca de tratarla diferente, que al resto de la plantilla de policía, por el mero hecho de ser mujer.

En la actualidad Soraya vivía sola en su apartamento de soltera, desde su última y frustrada relación amorosa que la llevo a tomar la decisión de que a veces es mejor estar sola que mal acompañada. Formaba parte del equipo de policías. Se había formado como cualquier otro hombre. Había pasado todos las pruebas exigidas, sin protestar y aprobando los exámenes de teoría y las de prácticas., como otro cualquier hombre.

—Hola Teresa —respondió, mientras cogía el auricular que empezó a sonar en la mesita de noche.

—¿Estas viendo las noticias? —preguntó su amiga —nerviosa.

No. Todavía no lo he encendido al televisor. ¿ocurre algo?—preguntó — extrañada por el nerviosismo que padecía su amiga.

—Un fugitivo anda suelto. —le respondió Teresa, una vez más calmada.

Gracias por avisar. Estaré pendiente.

Al colgar el auricular, se recostó en el sofá, encendiendo el televisor.

El comentarista anunciaba lo que le había dicho su amiga minutos antes, por el auricular.

«Un fugitivo anda suelto. Los encargados del caso, lo están buscando rincón por rincón.» A la espera de nuevas noticias. Id con cuidado. Puede ser peligroso e ir armado. 

Después de un día duro en el trabajo poco recompensado. Se encamino hacia la cocina a preparar lasaña, su plato preferido. Se lo tenía bien merecido. A continuación, se encaminó hacía su habitación, guardo su pistola, su arma de trabajo en el cajón de su cómoda y se preparó para ir a descansar. Cuando un sospechoso ruido oyó en la puerta trasera de la cocina.

No sabía si podría ser el fugitivo del que tanto se hablaba en los medios de comunicación. En todo caso, si así fuese, se había metido en la casa de una policía sin humor alguno.

Soraya se descalzó para evitar hacer ruido alguno, asió su arma que había escondido. En el salón se oyó el crujir de un cristal roto. Sus pensamientos fueron en su mente a mil por hora. Mantenía la calma pero también estaba preparada para la acción. Observó al fugitivo, el mismo rostro que había visto en televisión, la misma cicatriz en su cara. Era él.

—¡Manos arriba! – exclamó Soraya, sin previo aviso. —Estas frente a un agente de policía. Enseñando su placa de identificación. 

El fugitivo miró a ambos lados, sin ver ninguna escapatoria. Mientras veía a Soraya acercarse lentamente, con la pistola en sus manos, firme y el gatillo preparado para cualquier acción.

—Cualquier movimiento le será en vano. 

Soraya tenía unos reflejos de gacela, y sin más miramientos extrajo de sus caderas unas esposas con las cuales arresto al fugitivo, haciendo una llave de defensa.

A partir de ese día dejaron de tratarla diferente. Empezaron a tratarla como mujer y como una profesional que era en su oficio.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

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