CAPÍTULO 1

Dereck, no soportaba el calor y mucho menos el del mes de agosto. Se encontraba caminando cerca del paseo marítimo. Era el sitio ideal para caminar, excepto por el calor sofocante. La tranquilidad se agradece, después de un día de trabajo. Y la brisa, la mejor compañía, aunque por desgracia, ese día no había brisa ni aire que se pudiera respirar. Solo los rayos de sol que seguían acechando, como si de rayos de fuego se trataran. Empezó a notar como las gotas de sudor empezaban a resbalar por la frente. 

¡Agosto! dijo para sí Cómo odio este mes, envuelto de su intenso calor y apenas se puede respirar. Se sentó en un banco de piedra, donde un chiringuito servía bebidas. Se sentó en una pequeña sombra que encontró, que le resguardaba, al menos, de los rayos del sol. 

¿Desea algo, señor? le preguntó el camarero al acercarse.

  Sí. Un vaso de agua fresca y una dona

De acuerdo. Enseguida se lo traigo. La dona se refiere a las rosquillas que tenemos a la derecha, cierto? preguntó asegurándose.

Dereck, asintió con la cabeza – exhausto. Desde donde estaba sentado, podía ver la playa. Estaba calmada, no se apreciaba ninguna ola. El mar de un azul intenso, se encontraba en calma. Podía ver a las parejas caminar tranquilamente, cogidas de la mano. Por el carril bici, en cambio. Algún que otro ciclista o patinador con sus botellas de agua para no deshidratarse se le veía haciendo ejercicio. 

Aquí tiene El camarero le sirvió la dona junto a una botella de agua fresca y un vaso mientras se adentraba dentro del local para atender a otros clientes. Dereck bebió con ansias. Estaba sediento. El agua le alivió.  Al finalizar pagó en efectivo y se encaminó, de nuevo, con más energía para enfrentarse al calor. Cuando sus ojos se posaron en una bella muchacha, cuyos cabellos dorados, se entremezclaban con el sol. Andaba descalza sobre la arena húmeda, mientras las pequeñas olas que llegaban a la orilla le mojaban con suavidad sus tobillos. 

Sus andares se parecían a la de una diosa, con ese vestido blanco veraniego que le transparentaba el bikinis que llevaba, como única prenda. A diferencia de las demás chicas con las que se había cruzado, a simple vista parecía natural. Mientras caminaba, iba mordisqueando, la naranja que en una de sus manos reposaba. 

Dereck, no podía desviar la mirada de esa chica, de la que le gustaría aproximarse. Poco a poco, sin darse cuenta, se había alejado y acercado a la playa, tras la chica que le había robado el corazón. 

Al cabo de unos minutos la chica paró en seco, había notado la presencia de que alguien la estaba observando. Al volverse, sus ojos celestes como el mar, quedaron clavados en los de Dereck. Ella lo miró, con los labios entreabiertos por la sorpresa y Dereck, sin saber que hacer, quedó prendado de un amor, que no sabía si sería correspondido. Solo el tiempo sería testigo de la relación entre Dereck y la chica a la que pretendía conocer.

CAPITULO 2

—¿Te conozco?—preguntó. Al darse la vuelta, sus miradas se encontraron por primera vez, quedando presos de un flechazo de amor.

—No. No te conozco —negó él con la cabeza. Aunque, para mí, sería todo un honor. ¿Crees en el destino? —le preguntó Dereck, mientras un cosquilleo en su interior empezaba a crecer. —Por cierto, soy Dereck —se presentó.

Mi nombre es Dunia. respondió, mientras desviaba la mirada hacía el horizonte que tenía delante, mirando el océano infinito. Los rayos del sol resaltaron su hermoso rostro, de tez morena y pelo lacio, iluminando unos exóticos ojos, de un curioso y peculiar color añil. Dereck, pudo percibir una mirada triste y lejana, como si sus pensamientos se hubieran alejado, recordando otros tiempos pasados.

—Destino… —Tan incierto como de costumbre. —susurró para sí misma. No creo en el destino, porque las veces que he creído en él, siempre me defraudó. —Una fina lágrima resbaló por su mejilla. 

—Lo siento —se precipitó Dereck. Lo único que no quería era verte derramar lágrima alguna. Se maldijo a sí mismo por ser tan torpe y hacer las preguntas menos indicadas. 

—Tranquilo —a veces el pasado recurre a mi, devorándome las entrañas por dentro. Me considero una mujer de carácter fuerte y con una gran una gran fuerza de voluntad. Las lágrimas no son sinónimo de debilidad, como muchos creen, sino de valentía. —sus labios se curvaron, formando una leve sonrisa que Dereck pudo apreciar.

Las nubes empezaron a cubrir el cielo, dando lugar a las primeras gotas de lluvia que empezaban a caer con intensidad. Se avecinaba una tormenta de verano.

—¡Dunia, corre! —exclamó Dereck. Mientras sin darse cuenta le asió de la mano y juntos cruzaron la acera, para entrar en el bar más cercano. Los demás hicieron lo mismo. Se podía ver cómo muchos corrían para entrar en bares o locales, donde tuvieran cobijo para no mojarse. Las calles no tardaron en verse vacías y solitarias, mientras los habitantes se mantenían, al igual que ellos a cubierto, de la tormenta que acechaba con furia. 

Se sentaron en una de las mesas del local, donde guarecerse de la lluvia. Lo que más deseaba Dereck era entablar una amistad con Dunia. Llegar a conocerla, aunque no quería herir sus sentimientos con preguntas equivocadas. Se notaba que había sufrido mucho en el pasado. Por sus facciones imaginaba que no era de Escocia, sino más bien de algún lugar tropical. El flechazo que percibió la primera vez que la vió, empezó su cuerpo a percibir ese cosquilleo, de nuevo. 

De fondo oyeron unas voces de unos jóvenes que hacían homenaje a la primera lluvia de agosto. —¡Por la lluvia de agosto! —brindó uno de ellos. Mientras sus compañeros se reían de su comentario. 

—¿Desean tomar algo? —les preguntó el camarero 

—Un batido de limón para mí —indicó Dereck 

—¿Y para la señorita? —le preguntó el camarero, sosteniendo el lápiz en la mano.

—Para mi, puede ponerme un batido de manzana —gracias.  

El silencio se hizo entre los dos, escuchando los aullidos de la tormenta y las gotas de lluvia azotar en las cristaleras. 

—¿De dónde eres? preguntó Dereck, siendo el primero en romper el silencio.

—De Puerto Rico. Aunque la realidad es que, aunque mis raíces provengan de allí, yo no pertenezco a ningún sitio. El mundo es tan grande, que a veces me siento minúscula. Soy una solitaria. Te preguntarás por qué elegí Escocía. La verdad, porque en esos momentos era el destino que más nos convenía..

Hace dos años —prosiguió —me vine con mi padre hacía este llamado Destino. Antes me has preguntado por él. Y mereces una respuesta. Después de seis meses de convivencia, el destino me separó de mi padre, dejándome sola, en un lugar que desconocía y sigo desconociendo. La soledad forma parte de mi existencia. No tengo a nadie, solo un pasado oscuro y unos recuerdos que me persiguen cada noche. 

Dereck la escuchaba en silencio. Deseaba estrecharla con todas sus fuerzas, decirle que no estaba sola. Que él estaría a su lado. Aunque se guardó sus pensamientos para sí mismo. 

No quería asustarla, ni mucho menos que huyera de su lado, solo porque sus pensamientos iban a una velocidad demasiado rápida y quien le escuchara podría tratarlo de demente. Apenas la conocía, pero era como si la conociera de toda la vida. 

—Dunia —se atrevió a decir Dereck. Sé que apenas nos conocemos. Tan solo quiero que sepas que puedes confiar en mi. — Déjame ser tu amigo —si lo deseas. Como amigo, lo último que deseo es que estés o te encuentres sola. 

Por desgracia, sé que es estar bajo los efectos de la soledad y no quiero que tú lo sigas estando. Sé que apenas te conozco, pero presiento que podemos ser buenos amigos y compañeros en este mundo tan difícil.

—¡Brindemos por nuestra amistad! —y mientras levantaban las copas, echaron sus primeras risas juntos.

CAPITULO 3

Cuando la tormenta cesó, muchos de los que se habían refugiado en el local, empezaron a salir a la calle, para irse a sus respectivos hogares. Dereck se ofreció a acompañar a Dunia a su casa. Aunque ésta vaciló unos segundos, terminó por aceptar.

Afuera aún se percibían pequeñas gotas de lluvia, que terminaban de caer. Por suerte la tormenta no provocó daño alguno. Tan solo grandes charcos podían apreciarse en las aceras y el ambiente tan caluroso del agosto, había dado lugar a un cambio en la atmósfera.

—Menos mal que ha parado de llover—mencionó Dunia, pensativa.

—¡Ahí está! —exclamó Dereck —al ver su coche intacto. Ha habido suerte y no ha sufrido ningún daño. Las ruedas se encuentran en buen estado —dijo mientras observaba que no estuvieran hundidas ni pinchadas.

—Le tienes mucho cariño, ¿verdad? —le preguntó Dunia, mientras no dejaba de observar a Dereck, como se preocupaba por su coche.

—Bueno, ya sé que parecerá ridículo…Pero hemos pasado muchos momentos juntos, por así decirlo. Es el único transporte con el que me muevo de lado a lado. Uno llega a acostumbrarse. —respondió con una leve sonrisa.

—Entiendo. Supongo que a mi me sucedería algo parecido de tener vehículo, sin tener que depender del transporte público. —devolviendo una cautivadora sonrisa.

Una vez dentro del coche, Dereck sintió la necesidad de encender un poco la calefacción. La tormenta había hecho que el tiempo cambiará de aires, dando lugar a una brisa que se percibía en el ambiente.

—¿Por dónde vives? —le pregunto Dereck, percibiendo lo cerca que estaban el uno del otro.

—Yo te guiaré —Mi casa se encuentra a las afueras. Se encuentra aislada del centro. Dirígete a donde se encuentran las casas de madera, las que se encuentran en el bosque.

—De acuerdo —afirmó Dereck. Mientras percibía como se ruborizaba.

Dereck consiguió salir del atasco que se había formado, mientras de fondo la música se oía en el interior del vehículo. Percibió que Dunia se había sumido en un silencio poco habitual, por lo poco que la conocía, era como si estuviera preocupada por algo. De vez en cuando la miraba de reojo, teniendo curiosidad por saber en qué pensaba su mente. Le importaba demasiado Dunia. Por primera vez había encontrado a una mujer, con la que podía hablar tranquilamente, sin la necesidad de empezar a tartamudear.

Poco a poco se fueron adentrando en la espesura del bosque, dejando atrás los edificios para dar lugar a la naturaleza. Se podían apreciar unas casas de madera, rústicas. El piar de los pájaros era el único sonido que se percibía en el ambiente.

—Ya hemos llegado —respondió Dunia. Puedes aparcar al lado de ese árbol.

—¿Te apetece entrar a tomar un café? —Es lo mínimo que puedo ofrecerte, por haberme traído hasta aquí.

Al entrar, Dereck percibió el olor a lavanda. Se notaba que en ella vivía una mujer. La cabaña era una casita pequeña de las que se hacían de madera. Era muy acogedora y estaba decorada con pocos muebles. Los necesarios para poder vivir.

—Estás en tu casa —le dijo Dunia.

—¿Quieres que te ayude? —preguntó Dereck

—No es necesario. El café casi está listo. —Aunque ¿ves los limones que tienes a tu lado? —Pásame uno, por favor.

Dereck se levantó a coger uno, cuando se percató de una fotografía de Dunia, junto a un hombre; supuestamente su padre.

—Gracias —le respondió. Me estoy haciendo una limonada.

Al sentarse junto a Dereck, se dio cuenta de que había visto la fotografía. Su mirada volvió a ausentarse por unos segundos. —Disculpa. Los recuerdos a veces juegan malas pasadas.

—¿Es tu padre? —preguntó Dereck, queriendo preguntar y no a la vez, para no herir sus sentimientos.

Dunia dejó la limonada a un lado y empezó a hablar —Sí, lo és. Te preguntarás dónde está, el motivo de cómo fui separada de mi padre. El ahora se encuentra en la cárcel por robo. Como te he dicho antes, soy de Puerto Rico. La única familia que tengo es mi padre y el destino me lo arrebató. No te voy a mentir, venimos de un ambiente en que hemos pasado hambre y penurias. En ocasiones mi padre robaba alguna manzana o algún trozo de pan, para que pudiéramos tener para la cena. Pero un día, ese atroz día, todo se fue por la borda. — suspiró—

Venimos a Suecia sin papeles, y por ello nadie quería ofrecer a mi padre trabajo. Pero nunca imaginé ver como esa noche de invierno —lo recuerdo como si fuera ayer— ver con mis propios a mi padre, como dos policías se lo llevaban esposado. Yo me encontraba escondida.

—Fue la última vez que vi a mi padre. — relató a Dereck, mientras una lágrima resbalaba de sus ojos.

Dereck sintió la necesidad de abrazarla. Y sin pensarlo lo hizo. Dunia dejó escapar sus lágrimas, que escondidas bajo una coraza habían permanecido durante estos años. Hacía mucho tiempo que su corazón había permanecido helado y no había encontrado el calor en nadie. No confiaba en nadie.

Sobraron las palabras, cuando al separarse, se miraron a los ojos, empezaron a surgir nuevos sentimientos. Un amor empezaba a brillar en sus corazones.

—No volverás a estar más sola. —Déjame entrar en tu vida. —pronunció Dereck —esperando una respuesta. Dunia le respondió con un beso en los labios.

CAPITULO 4

Lo que en principio empezó como una relación de amistad, en ella surgió algo más profundo, más intenso. Sentimientos enterrados surgieron a la superficie convirtiendo la relación en algo más que una simple amistad. El amor flotaba en el aire, en el ambiente que respiraban. Desde el día en que sus corazones se encontraron, no hubo secretos, no hubo más soledad que los rodeara. Por ese motivo, Dunia ofreció a su corazón que Dereck y ella se dieran la oportunidad de convivir juntos. Un paso más en su relación. 

El fin de semana había llegado y querían aprovecharlo al máximo. El día amaneció espléndido y decidieron ir de excursión a alguna montaña, cuyos paisajes del color verde ofrecían el color de la esperanza. 

— ¡Qué buena idea has tenido! — exclamó Dunia mirando con ojos de enamorada a Dereck

—Por ti, hasta la estrella más alta sería capaz de alcanzar— respondió Dereck, sellando los labios de su amada con un beso. 

Pasaron todo el día gozando de la naturaleza. Observando con otros ojos los impresionantes miradores que a cada punto solían encontrar. No dejaron de hacerse fotos el uno al otro y de sentir cómo la felicidad les rodeaba. Todo estaba perfecto. Hasta que el sol se fue escondiendo y decidieron emprender el camino a casa. 

Dereck percibió que aunque la relación iba bien, había algo que su novia le escondía. Uno de los cuartos siempre permanecía cerrado. Pensaba en ello mientras terminaban de colocar y organizar las cosas que habían utilizado para hacer pic-nic, cuando la mirada de Dereck se cruzó con la puerta que sellada bajo llave permanecía.

No se había atrevido a preguntar a Dunia, para que no se disgustará. Pero, ahora era él, el que empezaba a estar dudando de si realmente le era fiel a su relación. De si en verdad, no le escondía nada, o por el contrario, le ocultaba algo que por motivos desconocidos, no quería que él supiera.

—Dereck ¿te encuentras bien? —le preguntó Dunia, al verlo tan pensativo.

—Lo estaría.—respondió secamente mirándola a los ojos. —¿Hay alguna cosa que me estés ocultando? —redirigiendo la mirada hacía la puerta cerrada.

—Sabía que este momento, tarde o temprano llegaría —respondió con un hilo de voz.

Pesadamente se sentó en el sofá y sus labios empezaron a relatarle lo que en realidad le ocultaba. Dereck, se sentó a su lado y la escuchó, sin interrumpirla. 

—Desde que mi padre no está. No dudé en guardar todos sus pertenencias. Las pocas que conservaba. No sé cuándo regresará de la cárcel, así que..— suspiro— Decidí guardar toda sus cosas para cuando estuviera de vuelta. No te lo tomes a mal. A fin de cuentas, esta sigue siendo también su hogar. Debí contártelo, lo siento. Lo único que no quiero es que tengas dudas acerca de nuestra relación.

—El que lo siente soy yo —No debí dudar. Y menos de ti, cariño.— le respondió Dereck.

—Dereck, no habrá más secretos que ocultar entre nosotros. — le susurró Dunia, mientras se abalanzaba a sus brazos.

Había sido un día largo y ambos estaban cansados. Demasiadas emociones habían 

pasado a lo largo del fin de semana. Lo finalizaron tranquilos. echados en el sofá, mientras en el calor del hogar, veían tranquilamente una película, acompañados de palomitas.

Capítulo 5

Octubre había llegado y con él un cambio de aires en el ambiente empezaba a surgir. Los días de calor pasaron deprisa, dando lugar a la brisa nocturna, en la que una chaqueta por encima, no molestaba. Se aproximaban tiempos complicados.La temporada alta de verano había finalizado y muchos hoteles despedían cordialmente a sus clientes, los turistas, hasta la próxima temporada. 

Eso significaba que los contratos de verano también se terminaban, avisando a los empleados, que no podían disponer más de ellos. Dereck sabía que llegaría este día. Así se lo hicieron saber en el bar donde trabajaba temporalmente de camarero. 

—Dereck, ¿puedes venir un momento a mi despacho? —le preguntó con voz ronca su superior. 

—Voy a atender a los clientes de la mesa 43 e inmediatamente vengo —le hizo saber.

—Por tu expresión, imagino que sabes porque te he hecho llamar —le dijo su superior, apagando su cigarrillo.

—Me imagino que se debe a mi contrato…

—En efecto. Tienes buena intuición. Eres un buen empleado, no me cabe duda. Pero tu contrato finaliza en estos días y debes comprender que la temporada alta se está terminando. 

—Lo sé. ¿cabe alguna posibilidad de que me contraten para más tiempo? —quiso saber Dereck.

—Ahora mismo, no. Lo siento. Pero ten presente que el año que viene te llamaremos de nuevo. Eres un buen empleado. De todas formas, en un futuro puede que hubiera la posibilidad de un posible contrato fijo…—dijo su superior mientras se tocaba su barbilla, pensativo. 

—Muchas gracias, de todas formas.— respondió Dereck.

Dereck, pensativo, había hablado la noche anterior con Dunia de que tendría que salir a la ciudad por la mañana temprano en busca de trabajo. Su contrato como camarero había finalizado y tenía que ir en búsqueda de uno. 

—Tranquilo, seguro que encuentras alguna oferta de trabajo—le tranquilizó Dunia.

—Eso espero, cariño. 

A la mañana siguiente, Dereck besó con ternura a Dunia, aún dormida. Deambulo por todos lados, ofreciendo sus servicios y no encontró nada. No tuvo suerte. Siempre recibía la misma respuesta. La falta de trabajos era un mar de desierto en el que se encontraba él y muchos otros ciudadanos.  Cansado, empezó a masticar un chicle de menta. Aunque pudiera parecer una tontería, a él siempre le consolaba. Sentía el estrés que le producía la situación laboral, mientras caminaba por la acera de un lunes ajetreado. Típico de la ciudad. Había perdido la cuenta de los currículums que había echado u ofrecido a cuántos establecimientos encontraba a su paso. 

Al llegar a casa, aprovechó que Dunia aún no había llegado, para darse una ducha y relajar sus tensos músculos. Al salir a la habitación se secó con una toalla y se puso las pantuflas. Tenía los pies cansados de tanto caminar.

Cuando Dunia apareció por la puerta, pudo ver el cansancio y la frustración en sus ojos. Así que prefirió no preguntar por cómo le había ido en la ciudad. 

Cenaron en silencio y en armonía. Lo que no imaginaba Dereck era la sorpresa que le tenía preparada Dunia. 

Dunia aprovechó para cambiarse y en el dormitorio, lo recibió con su blusón violeta, que le hizo enloquecer de pasión. 

—Amor mío, tengo un trabajito para ti. —le dijo con una sonrisa pícara.

Pasaron la noche entre gemidos de pasión. Olvidando los problemas del día. Sus pensamientos estaban en otra parte, enredados entre las mantas, siguiendo el recorrido de cada poro de sus cuerpos. Dereck se sumergió en las profundidades de Dunia. La mujer que siempre tenía esa faceta que le hacía enloquecer de pasión. 

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.

Un comentario en «Un amor sin límites, by Neus Sintes»
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