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Danzando en el lago, by Neus Sintes

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Nataly, nació bajo los efectos de la luna roja. Luisa, empezó a romper aguas mientras estaba recogiendo las últimas ramas para encender el fuego de la chimenea y poder calentar el hogar de las bajas temperaturas que pronto iban aproximando. La humedad se filtraba por cada rincón de la casa, hasta calarse en los huesos. Además, pronto anochecería. Y con la noche, las contracciones hicieron mella en Luisa, sin poder llegar a tiempo a su hogar.

Las mujeres del poblado oyeron los gritos de Luisa, quien en la penumbra de la noche, se encontraba sola y aturdida. Las contracciones de cada vez venían con más fuerza y presentía que sería un parto rápido. Las mujeres del poblado llegaron a tiempo, tras ver como la cabeza de la niña, asomaba, mientras Luisa empujaba con fuerza para ver salir a su hijo sano y salvo.

-Es una hermosa niña – dijeron al unísono las mujer del poblado.
-Nataly – se va a llamar Nataly. Fueron sus primeras palabras e últimas tras coger por primera vez a su hija.
-¡Una hemorragia! – Se está desangrando… – alertó una de las mujeres que había ayudado en el parto.

La luna asomó con tristeza, alumbrando a la recién nacida y al lago que tenían a su lado y que con la noche no se habían percatado.

-¡oh, no! – ¿y ahora qué sucede, María? – María quedo observando a su derecha, el lago encantado del que todos hablaban, y decían que estaba encantado por el mismísimo diablo. Todas comprendieron lo que quería decir María. Nataly había nacido bajo los efectos de una luna roja, junto al lago encantado. La noche estaba más oscura de lo habitual. Ninguna estrella asomaba en el firmamento.

A raíz de ese momento, las mujeres del poblado, explicaron lo ocurrido y decidieron entre todos, que las mujeres se dividieran y cuidaran de la pequeña Nataly, hasta que ésta pudiera valerse por sí misma. Las mujeres del poblado se ayudarían entre sí, incluyendo a Nataly. Se lo debían a Luisa, a quien tenían mucha estima.

Cuando Nataly creció se convirtió en una hermosa muchacha, a quien le encantaba bailar. Poseía un gran talento y su lugar favorito para desplegar su larga falda roja de seda, y empezar a danzar era el lugar donde habitaba el lago encantado. Allí danzaba y se sentía libre. El lago, al verla, empezó a cobrar vida. Había reconocido a la recién nacida, convertida en mujer.

Cada vez que la veía bailar un brillo especial cobraba vida en lago. Ella bailaba en ese lugar, por la simple razón de sentirse atraída por ese lugar tan misterioso y al mismo tiempo cautivador. Siempre le había gustado el misterio, adentrarse en lo desconocido. Para ella, ese lugar le era familiar y no sabía el motivo ni el por qué. En muchas ocasiones, preguntó por el lago a quienes en su niñez la habían cuidado. De la boca de la más anciana de todas, solo pudo sonsacarle unas palabras – Nataly – todos temen el lago. Esta encantado.

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