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Ojo por ojo… by Neus Sintes

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En una mañana fría de Noviembre, el Castillo de los Laurents, amaneció lluvioso y nublado con un poderoso viento que hizo entreabrir el ventanal de una de las habitaciones. Armand, el patrón de la casa, se levantó para cerrarla, la imagen angelical de una anciana mujer intentó aparecer ante el. Aunque, como un espejismos, ésta desapareció, pronunciando su nombre en silencio. Armand y su esposa, Rosa, habían pasado muchos peligros para poder estar juntos. Armand no solo convivía con la felicidad de Rosa, sino también con los fantasmas que por las noches le despertaban para atormentarle. Estaba maldito, desde el día en que su padre falleció.

Una sonrisa se dibujó en sus labios. Ella era su vida y habían luchado mucho para pode estar juntos. Su mente retrocedió al pasado…

El padre de Armand, había sido en otra época, un patrón de carácter autoritario y posesivo. Gozaba del poder, como de las mujeres. Llegó a tener hijos bastardos que nunca reconoció como suyos. Cuando se casó con su esposa, siguió manteniendo relaciones de faldas. Aunque solo un tuvo un hijo. El primogénito Armand. Había deseado que éste fuera varón, para poderle enseñar con todo su fervor a que siguiera sus mismos pasos y el linaje siguiera vigente.

Aunque, Armand no fue como el había deseado. Armand amaba la poesía, la naturaleza y a las mujeres, por su belleza, no por su poder, Nunca estuvo de acuerdo con las normas que ejercía. Había adquirido la inteligencia de su padre, pero con los dotes de su madre.

La criada del castillo, tenía una hija de su misma edad. Armand, con el tiempo, termino enamorando. Su padre al darse cuenta de que ambos estaban saliendo a escondidas, enfurecido quiso despedir a la sirvienta, la madre de Rosa. Armand convenció a su padre de que no lo hiciera. Pero la mala suerte se cruzó en el camino de Rosa, cuando su madre un día cayó enferma.

El patrón había envenado a la madre de Rosa, con el fin de romper la relación. El dolor hundió a Rosa, pero el amor que ambos sentían les unió aún más. Armand, para demostrar su amor, envenenó a su padre. De la misma forma en que el lo hizo con la madre de su amada. Ojo por ojo.

Fantasmas aparecían en las noches, para atormentarle, para hacerle recordar que el era culpable de la muerte de su padre. Hasta que, en la actualidad, la imagen difuminada de una hermosa mujer, se le apareció en la noche. «soy yo, tu madre» – Esto muy orgullosa de ti, hijo mío. No te sientas culpable por lo que hiciste.

Has demostrado tener los valores con los que desee que nacieras y crecieras. Lealtad y amor. Fiel y comprensivo. Había ansiado durante muchos años, ver la clara imagen de su madre. A raíz de entonces, los demás fantasmas que le invadían de noche, desaparecieron. Su madre había roto la maldición con la que su padre, antes de fallecer le envío desde los infiernos.

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