Los Curly’s eran una familia adinerada, pero no solo por ello, sus vidas tenían que ser perfectas. Tiffany, la hija menor de la familia Curly’s, era conocida por su carácter distante y antisocial. Desde muy niña, le gustaba pasar las horas balanceándose en el columpio que se encontraba en el jardín de su propiedad. Se la podía ver desde el otro lado de la verja, abstraída, en sus pensamientos. Sumergida en su mundo, donde sus pensamientos y visiones iban más allá de lo que la gente del vecindario y su propia familia llegaría a comprender jamás.

Con el tiempo, Tiffany llegó a convertirse en una bella muchacha de tez blanca y una hermosos cabellos rojizos, que le bailaban a cada movimiento. Su mirada color esmeralda se tornó más penetrante y poderosa, sobre todo para aquéllos espíritus que le hablaban, para ser escuchados. Alguno que otro vecino, la había visto mover los labios, como si estuviera hablando con alguien que ellos no podían ver. Empezaron a oírse rumores,  que hablaba con los espíritus.

Una noche, en la oscuridad de su habitación un espíritu apareció ante ella. Era diferente a los demás, con un aire más oscuro de lo habitual. Desde muy joven aprendió por su cuenta a saber invocarlos, a comunicarse y a no temer de ellos; nunca. Se pasaba la mayor tiempo hablando con almas errantes, que con mortales.

Esta vez, quien le empezó a susurrar no era cualquier alma errante, no se parecía a los demás. Percibió que se trataba de un espíritu oscuro. Su aura era muy distinta a la de los demás, y su voz atrayente, empezaba a cautivarle por momentos,

-Tiffany, por fin me ves. – respondió

-¿Quién eres? – preguntó – intentando percibir su aura

-Te he esperado durante todo este tiempo – sin importar cuánto tardaras en localizarme.

A Tiffany se le erizó la  piel detrás de la nuca. Sintiendo un cosquilleo en su interior, sin comprender el motivo de su aparición.

-Explícate. – por favor.

-Déjame que te lo enseñe – lo comprenderás mejor. Sin más preámbulos, empezó a ver en su mente unas imágenes que sobresaltaron a Tiffany.

Tiffany Curly’s, nacida la medianoche del el 6/6/6, durante una brillante luna llena. Mientras su madre le daba la vida, a lado se encontraba aguardando impaciente y ansioso el momento de verla nacer. Justo en el primer momento en que Tiffany abrió los ojos el espíritu oscuro le ofreció parte de sus poderes. A partir de su nacimiento, los poderes de comunicarse con el más allá le fueron concebidos por el mismísimo espíritu oscuro.

-¿Por qué yo? – preguntó Tiffany – cuando salió de su mente.

-Solo la criatura nacida en la medianoche del 6/6/6, bajo los efectos de la luna llena, le serán confiados los poderes oscuros, siendo cuando ésta madure compañera y amante en esta vida y en la otra ,de quien te dio parte de su poder. – .

A medida que fue acercando, para verlo mejor, pudo percibir que sentía algo, aunque quisiera negarlo o simplemente, no creer en las imágenes que le había demostrado, que eran ciertas. Había nacido en una fecha en la que el 666, demostraba ser el número que identifica al ser maligno, demonio o diablo, como quieras llamarlo. Su destino estaba escrito, desde el día en que nació. Los ojos oscuros brillaban en la oscuridad.

Los Curly’s, habían intentado que cambiara, sin éxito alguno. Vestía siempre con colores negros y rojos. Tiffany, la excepción de la familia. Al contrario de sus otras dos hermanas, glamurosas y siempre llevadas del brazo de sus galanes, que con el tiempo se convertirían en sus futuros maridos.

Mientras que por las noches, su hermana menor, Tiffany había aceptado su destino como parte de su vida y había empezado amar a su otra mitad, que había permanecido en la oscuridad. De noche gozaba sin piedad de su compañero sentimental. En la oscuridad de la noche dos siluetas se reflejaban. Una era completamente oscura, en cambio la otra era la silueta de una mujer, cuyos cabellos rojizos se balanceaban al compás de cada  uno de sus movimiento.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.