Había tenido un día de mucho trabajo en la oficina. Tenía unas ganas enormes de llegar a casa. Aún a sabiendas de que esa noche llegaría tarde, de nuevo. Pero de algo había que vivir. Al abrir la puerta, me quité los zapatos y llamé a mi novio, que parecía no haber llegado, todavía. Cuando me aproximé a la cocina a por un vaso de agua, mis ojos se agrandaron al ver sobre el mantel de la mesa, la cena preparada y arreglada con luces románticas y dos copas de vino tinto, junto a un clavel rojo, depositado en el centro.

De fondo una balada, escucharon mis oídos. Era nuestra balada. La primera balada con la que nos conocimos por primera vez. Busqué a tientas su presencia, le llamé por su nombre e incluso lo busqué en las habitaciones de la casa. Nada. Que mi novio todavía no se encontraba en la casa. Me pregunté cómo y cuándo pudo prepara toda aquella sorpresa. Y lo más curioso, acordarse de nuestra balada juntos. El siempre había sido muy olvidadizo. Hasta en los pequeños detalles.

No podía salir de mi asombro, ¿en verdad, había podido ser el, quién había preparado toda esta sorpresa?. Trague saliva, algo no encajaba en mi mente. Sorbí del vaso de agua, que llevaba en la mano. Era verdad, que nuestra relación no estaba en los mejores momentos que digamos, tal vez, no debiera de ser mal pensada y creer que sí podíamos arreglar las cosas. Después de tantos años de noviazgo, nuestra relación se había convertido en pura rutina.

El tintineo de las llaves escuché tras la puerta y unas risas contagiosas por el pasillo me pillaron por sorpresa. Al abrir la puerta me encontré a Julián agarrado de la fina cintura de una joven muchacha, que no paraba de reír sus risas. Me miró, con ojos sorprendidos y sin saber que decir, las risas se habían esfumado, así como la balda dejó de escucharse.

-Hola David – Parece que vienes bien acompañado
-Denisse – Te lo puedo explicar…
-No hay nada que explicar. – añadí – Que aproveches la cena.

 

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.