¡ Se había dormido en el autobús!. El autobús, había llegado a la última parada. situada en frente de: «La Mansión Temible».

Hace muchos años el sol todavía brillaba en ese lugar, pero la oscuridad se cernió bajo un manto de oscuridad. En la Mansión vivía una familia adinerada, el Señor Greyson y la la Señora Greyson, junto a sus dos hijos Daniel y Sofía.
De lo que pasó apenas se sabe cómo pudo suceder, el caso es que una noche de invierno encontraron los cadáveres de la familia en una habitación, y que Daniel el hijo, había sido quien los había matado.

De él nunca se le volvió a ver. Se esfumó como una mota de polvo o desapareció ente la niebla. Nunca se supo el motivo ni el porqué. Por eso todos temían ir a esa casa y encontrarse con el espíritu malvado de Daniel Grayson; quien mató a su familia.

A Lenny se le erizó el vello tan solo al recordar la historia. La lluvia parecía no amainar, no había otro lugar donde guarecerse que en el porche de la casa. Temblando de miedo mas que de frío, anduvo hacía el porche con pasos inseguros. Estaba aterrada e incluso algo mareada. Cuando estuvo en el porche, pudo guarecerse de la lluvia y se sentó en un balancín antiguo y lleno de polvo por el tiempo transcurrido. De repente, la puerta crujió a sus espaldas. Lenny quería huir, pero algo o alguien la detuvo.

Una misteriosa voz le susurró su nombre…

– Lenny, Lenny, Lenny…

Al intentar escapar una ráfaga de aire la detuvo con fuerza, adentrándola al interior de la casa. Mientras la puerta se cerraba dejándola dentro de cuatro paredes, asustada en la oscuridad. Permaneció sin moverse durante unos segundos, sin saber hacia adonde dirigirse o qué hacer. El miedo la dominaba. Mientras, afuera la tormenta seguía acechando y con mas violencia.
Al cabo de un rato percibió una fragancia masculina, alguien le había tocado la mano pero no veía a nadie. Sabía que no estaba sola y que el Espíritu vagaba por la Mansión le hacia temblar.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.