Michele, se ganaba la vida como camarera en un bar llamado «Vívelo», donde la gente solía frecuentar sobre todo por las noches.

Siempre estaba abarrotado de gente desde, que el dueño decidió poner el karaoke y dar un estilo diferente al local, ya que por desgracia, muchos eran los hombres que solían ir a frecuentar sus penas y desgracias con la compañía del alcohol, como en muchas ocasiones teniendo que echar junto al guarda de seguridad, a largas horas de la madrugada, a aquellos hombres que no se separaban de la barra del bar, aferrándose a su salvadora la botella.

Mix, trabajaba como guarda de seguridad sólo aquéllos días donde se sabia que el fútbol sería fruto de peleas y discusiones. Pero esa noche, Michele se encontraba sola. Era su turno de noche y el guardaespaldas, esa noche no trabajaba. A Michele le gustaba mas hacer el turno de día, ya que normalmente de día la gente de aquella zona no solía ir a emborracharse hasta la noche. Pero le había tocado el turno de noche.

Esa noche Michele no paraba de pensar en la joyería de al lado. Llevaba unos días atraída por la joya del collar que habían puesto en venta. Cada vez que pasaba por delante de la tienda, se quedaba mirándolo, pero siempre terminaba por dar media vuelta e irse. Era incapaz de poder comprarlo.
Una noche en que la dependienta estaba absorta en uno de sus clientes más adinerados, entró en la tienda y en aquellos momentos invadida por el deseo de tocar la joya, se lo encontró que lo tenía en las manos, la miraba como quien mira algo muy preciado. Y Michele, tuvo un impulso. Salió de la tienda con el collar escondido en uno de sus bolsillos interiores.

Michele no podía creer lo que había hecho. Un nerviosismo recorrió su cuerpo. Pero pensó que lo mejor era actuar con naturalidad, podían pensar mal la gente de la calle si la veían tensa o descontrolada, bajo esa situación de no saber si correr o seguir andando con naturalidad. Optó por la segunda opción.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.