Mi cuerpo ya no está. Arrastrado por las vías del tren, quedó anclado.  En pocos segundos, observé fragmentos de mi vida pasar, tan deprisa, como el tranvía, que llegó, sin darme tiempo ni a exhalar un último suspiro. Mi respiración quedó congelada, al igual que mi cuerpo, que apenas podía moverse. Finalmente, mi cuerpo yacía en el suelo, sin vida.

Mi alma, pudo ver la luz. Ella se pudo despedir de mi. Un cuerpo sin vida, pero con un alma que pudo volar hacía las alturas del cielo, para encontrar la paz.

Ahora sé, porqué se les llamaba las vías de la muerte. No fui el único que había y falleció en ellas. Y yo tuve que ser uno de los valientes a cruzarla, sin pensar en las consecuencias. Sin pensar en mi propia vida. El destino quiso darme una lección.

 

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.