Juan Pablo, aún sostenía con sus dedos arrugados, propios de la vejez, el llamado cigarrillo. Empezó a fumar desde muy joven y en cuando se convirtió en un hombre adulto, se prometió a sí mismo, que lo dejaría a un lado. Lo intentó, aunque nunca consiguió desprenderse de su viejo amigo.

Las arrugas de su piel, aún tenían la fuerza suficiente para sostenerlo. Cada calada era un minuto más de su tiempo de vida. Sabía que fumar tanto no era aconsejable. A pesar de todo, Juan Pablo, se veía sus arrugas que le recordaban los años transcurridos, por ellos se decía; qué más da una calada o una calada menos, si total la muerte algún vendrá a recibirme.

Una noche, antes de acostarse, se fumó su último cigarrillo. Fue la última calada que pudo sostener entre sus dedos.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.