Amanda tenía por costumbre sentarse en el mismo banco de la plaza, ahora solitaria, por donde años atrás pasaba el tranvía. El tiempo había transcurrido, pero a pesar de que las vías seguían intactas, el tranvía había dejado de circular por esa zona.

Muchas eran las ocasiones que bajo el viejo roble, permanecía pensativa. Pensando en un pasado que no regresaría. El tiempo había pasado. Vivía en un presente, sin pensar en ningún futuro, porque su mente aún revivía los momentos de un pasado perdido.

El antiguo reloj de la estación. Roído por el tiempo, dejó de funcionar. A veces se lo quedaba mirando. Le indicaba que el tiempo seguía su curso. En las sombras permanecía, como Amanda lo hacía en su soledad.

No existe un vuelta atrás en el tiempo. No existe un por qué del destino. Amanda solo podía pensar, aunque le doliera en el pecho, que tuvo una oportunidad de marchar con el amor de su vida. Partir en el mismo tranvía, cuando el lo hizo y ella, por miedo, lo dejó escapar. Dejó escapar su vida.

Cuantas veces no ha soñado con ese crucial momento, cuando veía a su amado partir, Cuando se había dado cuenta, aunque tarde, de su error.

El tiempo no se detiene. El tiempo transcurre hacía adelante.

 

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.