Marina tenía por costumbre asomarse cada noche en el balcón. Pensaba en su vida, ahora vacía. Encerrada en su mundo, creyendo que su vida era la única que estaba quebrada. Se dedicó a observar, en silencio. Veía de soslayo  a los vecinos de arriba, que parecían tan perfectos, pero les faltaba algo muy importante en su vida; la falta de comunicación. Mientras el estaba absorto en el teclado de su ordenador, su esposa releía novelas románticas.

Marina abrió los ojos y por primera vez en mucho tiempo se dio cuenta de que no era la única que en su vida estaba pasando por baches en el camino. Si a unos le faltaba el amor, como era su caso. Otros lo compartían haciendo vidas separadas bajo un mismo techo. Mientras, los gritos de los vecinos de abajo, se le podía oír discutir cada vez que el marido regresaba a la casa.

Entonces se preguntó por qué la vida es tan cruel. Ella estaba sola, pero sus vecinos no compartían el amor hacía sus respectivas parejas. De noche era cuando se descubrían sus verdaderas fachadas. Las apariencias a veces engañan.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.