Sin mirar atrás, me alejé, rumbo a un caminar mucho más pesado y sin apenas fuerzas. Me alejaba. Con mi único equipaje que mi gabardina y una espesa niebla que me acompañaba desde mi partida.

Deseaba llegar al final del camino. Liberarme de todo y todas aquellas cargas que me perseguían y no dejaban respirar. Sin mirar atrás ni un instante, seguí caminando, sin pensar en nada más que no fuera llegar al final de este incesante caminar.

Todo tiene un final. El mío se aproximaba, lo podía presenciar. Mis pasos, cansados y doloridos. Mi mente apenas podía pensar. Mis huesos, débiles por la edad y por toda una vida de sufrimientos, se encontraban doloridos.

Había llegado la hora. Me encontraba al final del camino. Solo había dos opciones. Volver atrás y recorrer el mismo y angustioso camino, o dar por finalizada mi existencia en esta vida. Opté por la segunda. Mi mente por breves momentos, se paralizó, quedando en blanco. Mientras mi cuerpo, sin fuerzas, caía hacía adelante, en un vacío hondo y profundo.

Encontré el final de mi camino de esta vida terrenal.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.