Las luces de neón del hotel parpadeaban a lo lejos, en una noche fría, donde a las afueras no se encontraba ningún alma. Todos los habitantes se encontraban en sus casas, resguardando del frío invernal y encontrando el cobijo de un hogar caliente.

Una figura diminuta se movía entre las sombras. Cubierta por un abrigo y unos guantos descosidos. Sus labios, cortados y tirando por el frío, reclamaban un sitio en el que guarecerse. Al dar la vuelta a la esquina vio una salida, las luces de neón la reclamaban con insistencia.

De pasos decididos, se dirigió al hotel. Sus pensamientos reflejaban una cama mullida, en la cual poder echarse y descansar.

-Buenas noches – dijo monótono el recepcionista, al oír el crujir de la puerta.

-Buenas noches – respondió una voz femenina, tiritando

El recepcionista levantó la mirada del mostrador, descubriendo que la recién llegada se trataba de una mujer.

-¿Tendría una habitación libre para pasar la noche? – preguntó – quitando la capucha del abrigo, que cubría su rostro.

-Sí, tengo una libre… – aunque ¿lleva dinero encima, para pagarla? – Los ojos de la mujer se lo dijeron todo.

-El recepcionista miró su reloj de muñeca. Su turno había finalizado. Salió de detrás del mostrador y cogió unas llaves que conducían a la única habitación que sobraba. Miró de nuevo a la mujer. Era hermosa, a pesar de que la vida le había tratado injustamente.

-Tal vez hay una forma – sugirió el hombre, mirándolo con ojos de deseo. Mi turno de trabajo ha terminado por hoy.

-De acuerdo – aceptó. Cualquier cosa, menos pasar una noche mas en las calles, pensó en su mente.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.