Joven de espíritu, así se sentía Mónica, a pesar de los años que llevaba encima, aunque su espíritu no era el de una mujer ya entrada en años. Se había liberado de tantas cargas a lo largo de su vida, que ahora podía tener su tiempo, manteniendo su cuerpo firme y saludable, entrenando en el gimnasio.

Estaba orgullosa de sus avances. para ello entrenaba cada día. Era una satisfacción propia, que alimentaba de energía positiva a su ego. No lo hacía para ser la envidia de los de su generación, sino que lo hacía solo por y para ella. Para sentirse bien y plena consigo misma.

Demasiado había sufrido por una cosa y por otra, que había acumulado tanta energía negativa, que a la vez la deterioraba por dentro. Hasta que decidió liberarse de cada carga que había acumulado, hasta que por fin, consiguió ser libre. Decidió emprender el camino a conseguir sus objetivos.

Era y se sentía una mujer joven de espíritu y no le importaba qué edad tenía. No hay ni había edad para no sentirse joven. La edad era un número, su espíritu era la que alimentaba su yo interior.