Me llamo Locky, significa buena suerte. Aunque a decir verdad, no es que la haya tenido. Vivo en esta gran casa, solo. Unos años atrás se encontraba llena de gente, que consideraba mi familia. Hasta que un día, se marcharon. cogiendo sus pertenencias y sus objetos valiosos, sin dejar nada en ella.

Se olvidaron de mi, o mejor dicho me abandonaron. Mis ojos vieron como marchaban sin mirar atrás. Me llaman el gato de la casa abandonada. Nadie ha osado a pasar o acercarse. Mis maullidos de ira y dolor resuenan por la noche. Pero nadie ha tenido el valor de acercarse y rescatarme de estas cuatro paredes. Por temor o por miedo.

Pocos saben que, nosotros los gatos somos los guardianes de la noche. Somos místicos y mágicos. Envueltos en una ola de misterio.

Sin ir más lejos, los que fueron mis dueños se podían sentir afortunados; yo era su protector. Tenía la misión de limpiar energéticamente este hogar de las malas energías. Aunque ellos no se percataran. No tuvieran consciencia de ello.

En este hogar había eliminado el odio, la envidia, el estrés, hasta el rencor, con los que los humanos lidian a diario en sus vidas. Soy el encargado y lo seguiré siendo, el que mantenga las energías negativas alejadas de aquí.

No sé que será de ellos. Lo único que sí sé, es que sus noches y sus sueños no serán los mismos. Alejados de mí, tendrán noches de mal estar, donde sin mi presencia las energías negativas, regresaran a sus vidas. Abandonarme, ha sido y será su perdición. Porque no sabían la suerte que tenían de mantenerme en sus vidas.

El frío de las grandes paredes se cala en mis huesos. No tengo de qué alimentarme. Mi maldición será vagar por esta gran casa, cuando mi cuerpo ya no esté. Pero mi alma vagara por cada rincón. Locky es mi nombre, el gato de esta casa abandonada.

O mejor dicho, el guardián de este hogar, que mantendré con mis poderes místicos, de los que los humanos parecen desconocer y no valorar. Soy el poderoso guardián.

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.