Que duro cada mañana me resulta el despertar. Despegarme de las sabanas. Intentar apagar el ensordecedor ruido, procedente del escandaloso despertador, que me anuncia que un nuevo día a amanecido.

Mi mente aunque me ordene que me levante, mi cuerpo quiere echarse, de nuevo. Sentir la almohada en mi piel. No desprenderse de ella. En un intento por levantarme, me cuesta la vida hacerlo. Ya no soy el mozo de antaño. Recuerdo cómo despertaba, sin rechistar, excepto para ir la escuela.

Sobre todo, cuando se trataba de ir a ver a alguna moza, no me lo pensaba dos veces. Era el primero que se levantaba…Qué recuerdos. Qué jóvenes y fuertes eran mis huesos en ese entonces…Ahora, la edad cada vez, te recuerda, que no eres el joven de esos años.

Ser joven de espíritu, no significa que cada vez, los años pasan factura. Son dos cosas distintas. Mis huesos más fláccidos están, más delgados por falta de la masa muscular que por ley de vida, nos abandona, al igual que siento como me abandonan las fuerzas, el mero hecho de levantarme.

Por otro lado, pienso y reflexiono. Que por mucho que cueste levantarse de la mullida cama en la que me encuentro. Me miro las palmas de las manos, parpadeo un par de veces y me recibe el cálido, pero afectuoso calor que entra por la ventana. Un nuevo día de verano, mi mente recuerda.

Al igual que me recuerda, que a pesar del gran esfuerzo que me conlleva, lo intento, a mi ritmo, pero lo intento. El mensaje que me quiere transmitir el nuevo despertar, es que todavía sigo con vida. Sigo en este mundo. Con fuerzas o sin ellas.

 

Por suenminoe

Me encanta escribir y sumergirme en mundos paralelos al nuestro. Recorrer el mundo a través de las palabras. Dejarse llevar por el fruto de la imaginación.